Mensaje

Amor, alimento del espíritu

02/12/17 - 12:00 AM
El amor es la clave de las relaciones interpersonales auténticas y profundas, la base del equilibrio interno, la forma maravillosa en que Dios nos envuelve y nos permite saborear la esencia de lo divino.

  • Rómulo Emiliani | [email protected] |                                             

La fuerza del amor es infinita en tiempo y espacio. Dios nos ha creado para el amor: es la misión del ser humano. Todo conocimiento y acción se deriva del corazón y a Él se dirige. La fortaleza del amor no reside en la agresión, sino en la paciencia; no tiene armas de combate, pues su mejor arma es el servicio. Jamás busca su propio interés, al contrario, abandona el egoísmo y triunfa en la entrega. Un corazón que ama nunca procura la ira, la neutraliza con bondad.  Sus maneras no son rudas y abruptas, sino sutiles y perseverantes. El hombre que ama no tiene prejuicios, no da cabida al odio ni abriga rencor alguno. El amor es la clave de las relaciones interpersonales auténticas y profundas, la base del equilibrio interno, la forma maravillosa en que Dios nos envuelve y nos permite saborear la esencia de lo divino. Para llegar a la esencia de la rosa, primero se rozan sus espinas y se aprende del dolor. Así es también el enriquecimiento espiritual. Así como se calienta el metal hasta fundirse para luego soportar los golpes del martillo, así en el corazón del hombre los ratos de dolor se tornan incandescentes para someterse después al moldeamiento interior hasta hacerlo hermoso.

Dice la Palabra del Señor: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Tantas veces se olvida o malentiende este concepto porque suponemos que amamos; mas en verdad no es así. El que se ama a sí mismo descubre la grandeza que hay en su interior y lo proyecta a los demás. Si usted no se ama, no podrá amar a nadie. ¡Dios quiere que se llene el mundo de amor! Cien semillas de amor tiene su corazón y cada persona ofrece tierra fértil para cultivarlas. Siémbrelas ya, porque la vida es breve. Cuántas veces no habrá despreciado esos suelos y pasado de largo; entretanto las semillas se marchitan en soledad. Cuando rechaza esas tierras, priva su olfato del dulce aroma de los jazmines. Al despreciar aquel rincón oscuro, tachado por todos de terreno indigno, niega a sus ojos el gozo de admirar bellas hortensias. El suelo seco y hostil al que se aproxima se suavizará al contacto de blancas rosas de paz. Cuando uno ama, cosecha los frutos de ese amor a lo largo del camino.

El ser humano nace del amor infinito de Dios y hacia Él se dirige. El amor es el alimento del espíritu. La vida más desgraciada es la del que muere sin sentir un momento de amor. Aquel de apariencia insensible y ruda, en el fondo, ansía ser amado. Cristo supo amar a los suyos, a los desconocidos y aún a sus enemigos. Amó al mundo entero sin excepción: pequeños, grandes, poderosos, desposeídos, justos y pecadores, sin reparar en razas, nacionalidades, creencias, ni criterios. Cristo ama en cada hombre a su hermano y lo hace de un modo infinito e inalterable a Dios. Dios es amor y su amor es, en verdad, universal.

Ame y será feliz. Ame a su esposa, a sus hijos, a sus amigos, aun a sus enemigos; a aquellos que piensan como usted y a los que no; al blanco y al negro; al rico y al pobre.

Viva en el amor; ame sin miedo y expréselo. Abra su corazón, no ponga excusas ni diga que no puede. El Señor quiere que ame de verdad para que sea realmente feliz. Sonría a la vida, estreche en su corazón el cuerpecito de sus niños, acérquese y dé a su madre y su padre un beso. Deles amor a los que lo necesitan ahora que está a tiempo. ¡Ame y será feliz! Ame, porque con Dios, que es amor, ¡usted será invencible!

Monseñor cmf.