Aprendizajes

Las nuevas banderas electorales: una mirada a Costa Rica

09/2/18 - 12:00 AM
...llamado a las urnas dejó de ser un proceso por una bandera o actor en particular. .. convirtiéndose el llamado a las urnas en una definición de la identidad nacional más allá que una propuesta política de hacia dónde debe de avanzar el país.

  • Jean-Paul Vargas | [email protected] |                                             

 

El proceso electoral en Costa Rica me obliga a sacar mi fiel pluma y compartir con ustedes algunos aprendizajes sobre la recomposición de las nuevas lógicas electorales que ya se están asomando con mayor o menor fuerza en nuestra querida Centroamérica. Inicio con señalar el amor por la incertidumbre como la máxima que ha de dirigir a quien ostente entrometerse en la política, lo cual debe de ir de la mano con dos grandes habilidades, educar y comunicar, cara y cruz de una misma moneda. Cada vez más, la participación electoral requiere de un fuerte ejercicio de mediación pedagógica capaz de reconstruir las percepciones sobre las demandas sociales, un esfuerzo que suele estar condenado sin la adecuada habilidad de soberanía comunicacional, es decir, posicionar y convertir en agenda pública los temas que convienen y no aquellos ya posicionados por los medios de comunicación. A partir de estas premisas expongo cinco aprendizajes democráticos:

1. La alternancia de tableros. Ernesto Laclau en "La razón populista" (FCE) desarrolla el concepto de cadena de equivalencias como la fórmula capaz de articular una serie de molestias y ausencias, que dan sentido a una colectividad. En las elecciones en Costa Rica, cuando esa cadena de equivalencias se centró en los tradicionales problemas como economía, seguridad, infraestructura, generó una lógica de ganadores y perdedores; conforme fue gravitando hacia el tema de corrupción, reforma del Estado, emergieron nuevas preferencias electorales. Finalmente, al colocarse en el debate una "caja de Pandora" como el apoyo o no al matrimonio LGTBI, aborto, guías de educación sexual, entre otros, se polariza entre un fundamentalismo cristiano y una propuesta de progresismo intenso.

2. Transformar en referéndum el proceso electoral. Ante esa lógica de cambio de tableros, el llamado a las urnas dejó de ser un proceso por una bandera o actor en particular. La narrativa evoluciona y se convierte no en la Costa Rica que se desea tener, sino en la Costa Rica que se desea ser; convirtiéndose el llamado a las urnas en una definición de la identidad nacional más allá que una propuesta política de hacia dónde debe de avanzar el país.

3. Las nuevas máquinas electorales. Las estructuras territoriales partidarias tradicionales quedan al olvido para dar vida a una nueva lógica de gestión de círculos de redes, que coordinadas por las redes sociales permiten desde una sintonía entre iglesias evangélicas y grupos católicos conservadores, o bien, la sumatoria articulada de plataformas sociales multitemáticas tener presencia territorial, sin depender de los liderazgos y negociaciones con dirigencias territoriales.

4. Acentuar las brechas desde la fragmentación. La capacidad del triunfo electoral deja de estar en los centros para convertirse en la polarización estratégica, para ello, los mapas de construcción de brechas permiten identificar los aliados y oponentes en cada tablero temático; de ahí el análisis y segmentación de mensaje por brechas generacionales, tecnológicas, sociales, económicas, entre otras. Estamos ante las verdaderas velas para la navegación electoral.

5. La pasión por el terror. La política electoral no es ni logrará ser jamás racional, es y será siempre emocional, de ahí que las migraciones de preferencia electoral residan en la capacidad de generar y provocar pasiones por temas y posiciones. Pasiones que deben ser armónicas con el comportamiento de sus líderes. Ante esta realidad, la pasión social más fuerte siempre será el terror.

Dr. Centroamericano en Gobierno y Políticas Públicas.  Docente de la Universidad  Complutense de Madrid.