Análisis

Periodistas vs. relacionistas públicos

05/12/17 - 12:00 AM
...la deficiencia en materia de comunicación gubernamental ha sido la falta de una adecuada administración logística del personal en las oficinas de relaciones públicas gubernamentales...

  • Miguel Ángel Sánchez | [email protected] |                                             

Siendo lo más objetivo posible, plantearé en este escrito, una serie de consideraciones que tienen que ver directamente con el proceso de comunicación que ejecutan los encargados de las relaciones públicas de las diferentes instituciones del Estado, ante la opinión pública, a través de los medios de comunicación. Debo aclarar que este análisis del proceso comunicacional, entre los actores ya descritos no está circunscrito específicamente a este gobierno, sino, al mismo proceso como tal, desde que los gobiernos panameños consideraron que la divulgación de sus actividades era importante. Lo primero que debemos reflexionar es sobre la necesidad que tiene la sociedad panameña de conocer qué proyectos y acciones realizan los gobiernos para solucionar las necesidades más apremiantes en materia: educativa, salud, vivienda, transporte y todo tipo de carencias, en las que estos deben intervenir con acciones directas. Sin embargo, para que la opinión pública conozca sobre esas actividades gubernamentales, las oficinas de relaciones públicas requieren de la cooperación de los medios de comunicación social o establecer un presupuesto publicitario que permita la publicación y divulgación de estas informaciones. Para que esta tarea se cumpla de manera eficaz, también se requiere de la habilidad y conocimiento del encargado de las relaciones públicas, lo que, por muchos años, en la mayoría de las instituciones del Estado no se encuentra. Es decir, las deficiencias en materia de comunicación son notorias.

Muchas de las personas con las que converso sobre el tema, en su mayoría periodistas en ejercicio, atribuyen esas deficiencias comunicacionales a la falta de profesionalismo y experiencia de los encargados de las relaciones públicas. Lo que hay que evaluar es qué tipo de expertos se nombran como jefes en estos menesteres, y si estas personas tienen la capacidad de hacer el trabajo que al final se transforma en la buena o mala imagen de su institución ante la opinión pública. Por otro lado, de nadie es oculto que muchas veces los políticos durante campaña, hacen promesas a periodistas que trabajan en medios de comunicación, y les ofrecen puestos de trabajo, una vez lleguen al poder. Quizás para muchos, eso no es incorrecto, tomando en cuenta que quizás tengan un mejor salario en comparación con el que ganan en el medio para el cual trabajan. Hasta cierto punto, creo que tienen razón, pero, ¿sabe el periodista hacer el trabajo de un relacionista público? Al margen de la duda, creo que el periodista tiene todo el derecho de decidir qué trabajo quiere hacer y dónde quiere hacerlo, si se le presenta la oportunidad de tenerlo, por supuesto. En cierto modo, lo que debemos contemplar es qué tan profesional somos para asumir un cargo que sabemos no podremos desarrollar al cien por ciento, tomando en cuenta que las relaciones públicas implican ejecutar una serie de tareas que el periodista desconoce por oficio y adiestramiento.

Lo expuesto no quiere decir que el periodista no tenga la oportunidad de trabajar en una institución del Estado. Por el contrario, estas oficinas requieren del trabajo profesional de uno o dos periodistas que deben ser orientados por el profesional de las relaciones públicas, quien debe estar al mando del departamento. En ese sentido, creo que el problema de la comunicación en el sector gubernamental ha sido la falta de planificación y ejecución estructural de su personal idóneo. Las relaciones públicas preventivas y en momentos de crisis no han sido eficaces, por lo que la imagen gubernamental de las instituciones del Estado ante la opinión pública ha sufrido un deterioro enorme. En consecuencia, estoy seguro de que la deficiencia en materia de comunicación gubernamental ha sido la falta de una adecuada administración logística del personal en las oficinas de relaciones públicas gubernamentales.

Periodista