Análisis

Resucitar de las cenizas

02/12/17 - 12:00 AM
Eran grandes momentos para el turismo nacional, con otras realidades. Con un Casco por reconstruir, aceras agrietadas y hedionda bahía, se respiraba la esperanza de un reverdecer ...

  • Jaime Figueroa Navarro | [email protected] |                                             

No hace mucho, por allá a los albores del 2008, ya madura la vigencia de Rubén Blades en la nueva estructura del turismo nacional, resonando a lo lejos el "jingle" de "Adelante la Pica y la Pala…" a escasos meses de la inauguración de la Cinta Costera, se respiraban en Panamá grandes coyunturas. Por un lado, el ministro salsero, personaje harto polígloto, actor de películas, reconocido en el Norte por su alegre música, abría el compás gozando de credibilidad única en una especialidad que él mismo reconocía que no era su norte, "in perfect English", allá in "the States", convidando la visita del forastero a un paraíso por conocer. Germinando en un húmedo bosque, racimos de rascacielos por doquier, la algarabía de un salsipuedes por la compra de apartamentos no se hacía esperar. La curiosidad embargaba a miles de visitantes por conocer un Panamá que oscuros elementos del ala conservadora del partido Republicano gringo habían condenado al cuartomundismo posterior a la salida de su último soldado al epílogo del siglo XX.

Eran grandes momentos para el turismo nacional, con otras realidades. Con un Casco por reconstruir, aceras agrietadas y hedionda bahía, se respiraba la esperanza de un reverdecer al ritmo del engullo de ceviches de corvina de Melba en el Mercado de Mariscos y un plato de chow mein en el restaurante Kwang Chow, en el 13-80 de Avenida B en pleno Barrio Chino.

Con escasos estacionamientos, cual combativas arrieras retoñaban los visitantes al centro de ventas de Bern en la esquina de calles Uruguay y Balboa. Momentos de epopeya aquellos donde al indagar a algunos de los suertudos emprendedores de bienes raíces cuanto ganaban, reconocían "cincuenta mil". ¿Al año? preguntábamos incrédulos. No, al mes.

Cual resonar de la campanita del paletero al acercarse a una escuela en momentos de recreo, Boquete, Coronado y Pedasí ofrecían alternativas viables para todos los gustos. Prosperaba el turismo, a pesar de la basura y el "no voy". Lo que pasó pasó y es digno de estudio, de análisis y de olvido, ¡para no trastabillar jamás de la forma en que lo hemos hecho!

Se esfumó la originalidad del momento. Oscuros gobernantes no auscultaron el potencial de la industria sin chimeneas, fallando en profesionalizar el modelo, disparando a diestra y siniestra sin dar con el blanco. Suena triste observar los inflados números de migración, engañando a nadie, engrosando las filas de turistas con colombianos y venezolanos que no lo son. Aun así, cifras harto en rojo. Ministros que no hablan el inglés en una cartera que exige eso y mucho más. Sin saber de buena tinta hacia dónde vamos, de dónde vinimos, ni la más remota sensación de la potencialidad de productos turísticos que ya existen, pero que están al garete de la ignominia.

El resucitar de las cenizas exige un nuevo modelo donde la conducción del Estado reste en pensadores del desarrollo, amantes de la patria asqueados por la ciclópea corrupción que nos envuelve, personas dignas y honestas que seleccionen a sus tenientes de los mejores y no de los súbditos, entregadas vísceras del subdesarrollo. A todas luces, busquémosle.

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