Análisis

Sobre el momento político actual

04/12/17 - 12:00 AM
La ignorancia, la incompetencia, el nepotismo, la corrupción y la inercia, la notable falta de planes y programas de gobierno y la impureza han desaprovechado el mejor tiempo para situar el progreso y la riqueza nacional fuera de peligro.

  • Paulino Romero C. | [email protected] |                                             

 

Transcurrido más de la mitad del periodo presidencial de la administración del actual Gobierno (2014-2017), hemos venido haciendo unas cuantas observaciones críticas sobre la política o mejor dicho, la politiquería puesta en marcha por el régimen policíaco gobiernista de "El pueblo primero". En casi todos nuestros planteamientos dejamos bien claro que en la situación presente, el presidente Varela no podía gobernar; le falta para ello dos cosas esenciales: fuerzas políticas e ideas de gobierno.

Tres problemas gravísimos, de urgencia imperdonable, ocupan el primer plano de la existencia nacional: la crisis económica en su doble aspecto de crisis económica nacional y crisis del Tesoro público, el desempleo (convulsión obrerista) y la profunda crisis de la Educación Nacional. De antemano constaba que el señor Varela y su equipo de Gobierno mediocre e incapaz, no podía hacer frente a ninguno de estos problemas. Ligado desde su triunfo político a los núcleos más representativos de la plutocracia por un lado, y por el servilismo, el fanatismo y la incapacidad por otro, tiene el presidente Varela menos que nadie las manos libres para intentar usos nuevos frente a lo que hay de excesivo, de complejo y de erróneo en la actual situación educativa, política y social general por la que atraviesa Panamá.

Imposible es corregir esta situación sin ejercer fuerte presión desde el Gobierno sobre los bolsillos pletóricos, sin decapitar la corrupción, el nepotismo, incapacidad y la especulación, sin abaratar las condiciones de vida, sin promover la inversión y el turismo y, sobre todo, sin poner resueltamente la proa a un presupuesto serio, cuya primera exigencia sería una radical reforma de los ingresos, aumentando considerablemente los impuestos a los ricos y aliviando los que gravitan sobre los pobres. Varela, que pareciera ser el enviado de Dios a los bienaventurados propietarios de lo material más valioso de Panamá y de aquellas pocas familias "clanes familiares" que, aunque mediocres e incapaces, ocupan los puestos mejor remunerados del Estado panameño.

Pero, ya que carece de ideas serias, de intenciones políticas viables, podría disculparse su elección para dirigir el gobierno de la República con el hecho de que poseyese el presidente Varela grandes fuerzas considerables en la Asamblea Nacional. Empero, ya se ha visto –cada día, cada hora con mayor evidencia— que tampoco cuenta con tal respaldo legislativo. El frágil pacto de gobernabilidad lo condena a gobernar supuestamente con la mayoría de los diputados. Lejos de significar su advenimiento la concentración de las legiones populares, dadas sus pretensiones de presidente "populista", ha sido el toque de clarín para la máxima dispersión.

En estas circunstancias sobrevienen los primeros síntomas de la crisis económica y social. La decadencia de la popularidad del presidente Varela y de su equipo de desgobierno, abre al fin, los ojos de los ciegos temperamentos del fanatismo conservador. La ignorancia, la incompetencia, el nepotismo, la corrupción y la inercia, la notable falta de planes y programas de gobierno y la impureza han desaprovechado el mejor tiempo para situar el progreso y la riqueza nacional fuera de peligro.

Al querer poner tardío reparo, el gobierno "El pueblo primero" cae en la cuenta de que su propia constitución y esencial índole le impiden hacer frente para corregir los males señalados, porque estos ya han echado muy hondas raíces en el servicio público y en la conciencia nacional.

Pedagogo, escritor, diplomático.