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Amor y control
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Yolanda Hackshaw (Docente) / DocenteNo, no se trata de un comentario a la canción de Rubén Blades, sino que aprovecho este sugestivo título para hablar de un tema que de seguro me hará salir de la lista de contactos de los puritanos y ultraconservadores; no obstante, estas ideas me ha perseguido por muchos años.Me refiero a cómo una máquina sexual gobernada por un mecanismo interno hormonal que no controla el sujeto es supeditada a reglas sociales y la sociedad a su vez juzga y condena comportamientos que responden a componentes endocrinos.Siempre me he preguntado, por qué existen tantas desviaciones sexuales y me he respondido, no sé si equivocadamente, que los seres humanos, debido al condicionamiento social de los cauces de sus impulsos naturales hormonales se han visto en la necesidad de crear estos extravíos que a la postre terminan en condena moral y penal.La sociedad, cual engendro maléfico, es generadora de males; porque castra y moldea en el lecho de Procusto a sus miembros; verbigracia: te estira la libido mediante la producción y divulgación de videos pornográficos para después cortar a los voyeristas, pederastas, etc.Entiéndase que es un planteamiento de cómo las desviaciones son creadas por los núcleos sociales y no una defensa de la perversión.Imaginen que, por ejemplo, la secreción de oxitocina es la que determina la confianza y el amor entre la pareja, ¿qué culpa tiene un cristiano de tener los niveles altos de esa hormona? Está condenado a traicionar, a menos, que castre su naturaleza y finja algo que no siente, como ocurre tanto en las relaciones de pareja.De hecho, se han realizado estudios con dos especies de ratones muy similares, un tipo de estos roedores que presentaban niveles de oxitocina baja y vasopresina alta eran monógamos; en cambio los que tenían la oxitocina alta y la vasopresina baja eran polígamos.Considero que la solución a esta situación se encuentra en que debemos evolucionar como sociedad, reconocer que estamos determinados por condicionamientos que escapan de nuestro control y legislar e interactuar de tal manera que se reflexione sobre nuestra humana condición.Una pareja debiera antes de iniciar una relación matrimonial asegurarse de que endocrinamente, por lo menos en ese momento, los niveles de hormonas necesarias para una vida feliz se encuentran en las proporciones adecuadas, para evitar infertilidad, infidelidades, divorcios y niños abandonados o creciendo en hogares disfuncionales; no obstante, las leyes, por lo menos en Panamá, solo exigen exámenes para controlar la transmisión de enfermedades como la anemia falciforme, sida, sífilis, etc.Ahora, no basta con esto, pues los valores hormonales son variantes y depende de muchos factores (alimentación, estado de salud, etc).Hay que saber estimular la secreción de estas hormonas fundamentales.Los expertos sugieren darse masajes, abrazarse, besarse (ninguna novedad, ¿verdad?) y tener el mayor contacto físico posible.Tan sencilla la solución, pero enfermos de siglos de sociedad y humanidad, como andamos todos, solo nos queda la condena del control social.