El hombre de papel
- Ernesto Endara (Escritor)
“Procrastinar, verbo que conjugo de vicio” “Viviendo de mis mentiras”
Me agobia pensar sin puntuación como leyendo de corrido ¿estaré imitando a Gabo o a Joyce? mañana escribiré mañana es otro día mejor pongo un punto aquí.
Voy contigo. Ahora sí, en serio. Enciendo la computadora, abro El hombre de papel. Así bauticé el archivo donde reposa el feto de mi novela. Al final no será el título, o quién sabe sí. Necesito un título como si fuera una bandera para iniciar mi desfile de recuerdos. Por ahora es un archivo flaco, el más flaco que se pueda imaginar: unas cuantas páginas y, claro, el título. En verdad, el capítulo uno (Marino en tierra) estaba requete escrito y pulido, pero no había pasado de ahí. Apareció “Mascarón de proa” que acabo de convertir en una especie de Introducción (¿se podrá iniciar una novela con algo como un mascarón de proa?). Y no es todo. Tengo un archivo de “Misceláneas” con frases, anécdotas, fechas y claves acumuladas para que a la memoria no se le hinche la hipófisis.
Me gustaba “Bajamar”, porque evoca el murmullo que escucho en el caracol, murmullo como de marea que se aleja. La vida de Abecé, ese año de 1955 se puede comparar con una marea baja. Ese año aprendió no sólo a navegar en los cuerpos de las mujeres, sino a encontrar el “tú”, esa segunda persona sin la cual no es nada el yo. Y todo en un periplo cerrado: la ruta prisionera de un barquito. Un barquito y algunas mujeres, lo pusieron a reflexionar reventando burbujas por las orillas del Orinoco.
Desfilan títulos: “Marea baja” también me gustó y me gustó más “Olas y burdeles”, título que no necesita explicación. También peleó por el título: “Hermano de la espuma”, y este otro, más soez que original: “Dicha se escribe con “P”” (clara influencia de Jardiel Poncela), muy racataca, muy porno, ordinario... ¡Fuera!. Quedó “Hombre de papel”. Me parece que aún buscaré algún otro que pueda representar mejor la sápida relación barco-mujer-mar del mentado Abecé. Vaya pues, muchos títulos y nada de novela. Pero tengo un relator: yo; yo que estoy frente a la computadora. Yo, aquí, pelotudo y lento, esperando a ver si hoy, seis de enero, me dan los reyes magos el empujón que necesito. A mí, que quiero estar allá con cincuenta años menos y quinientos kilovatios más. A mí, que dizque soy el que manda.
Yo, el hombre de papel.

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