Una buena noticia desde Cébaco
- Jorge Ventocilla
No se trata de extensos bosques los que han logrado proteger, ni de montañas vírgenes, pero sí que es grande el orgullo de los habitantes de Platanares y de alta calidad su logro.
En este mundo y en estos tiempos tan abrumados de dificultades para la gente de a pie y para el ambiente, viene bien - ¡muy bien! – aprender del éxito alcanzado por un pequeño poblado que se propuso defender la naturaleza, mientras a la vez defendía sus derechos comunitarios. Se trata de la comunidad de Platanares, en la isla de Cébaco. Por esfuerzo propio y con el apoyo de las autoridades locales, estos ciudadanos han asegurado la protección de sus últimos bosques comunitarios.
Cébaco.La isla Cébaco está ubicada en el distrito de Montijo, en la provincia de Veraguas. Con cerca de 8,000 hectáreas, es la tercera en extensión del Pacífico panameño. Según el último censo, su población es de 474 personas; de ellos el 41% menor de 15 años de edad. Es una isla de forma alargada - parece realmente una versión a escala del país – y topografía escarpada. Salvo un caserío interior de pocas viviendas conocido como El Centro, las casas están sobre todo en la costa oeste, mirando hacia la vecina isla de Gobernadora, con cuya población guardan los cebaqueños entrañables y antiguos vínculos.
Los viejos cuentan una historia de sobreexplotación continua de los recursos naturales, con ciclos de auge y declinación. Se dice de Cébaco que era una de las islas con más caoba en Panamá; antes, el mar de Montijo era pródigo en pesca, y hubo tiempos de tal producción agrícola que incluso daba para vender fuera de la isla. Pero todo fue subidas y bajadas y al final no se creó mayor prosperidad. Cual vuelta a la época de los piratas, en tiempos recientes le tocó el turno a la tierra, quedando ésta en buena parte a merced de las turbias reglas de la especulación.
Junto con El Jobo y El Almácigo, Platanares es una de las tres comunidades principales de Cébaco. Tiene poco más de 30 viviendas y en ella se encuentra una de las tres escuelas; el maestro Demetrio Mojica atiende ahí la educación de 21 niños. Algo de agricultura aún se practica, pero hoy es más la pesca la actividad principal. Sus pobladores - como en promedio es la gente del campo y más aún los isleños - son gente grata y amable. Y luchadora también, pues “la cosa está dura”. Podría estar mejor pero en los pueblos alejados de la capital y de los “malls”, el progreso tarda: el teléfono por ejemplo - uno, público - llegó a Cébaco en el siglo XXI.
Las Reservas que fueron.Al realizarse en 1996 el “Estudio Tenencial de las Islas de Cébaco y Gobernadora” por parte de la Dirección Nacional de Reforma Agraria, pobladores y autoridades asignaron estatus de Reserva Forestal a una serie de áreas boscosas remanentes. Así se designó por ejemplo, en la ensenada Naranjo, al predio No. 160 de 580 hectáreas. Trece años después y cual acto de magia ¡Ya no hay Reservas! Todas han sido vendidas. Y no nos engañemos, las maniobras de este tipo de magia de sobra las conocemos: adquiera usted por hectáreas, pegadas a una Reserva, luego venda el doble de hectáreas, bien “encerradas” con Reserva incluida… Y así.
Todas las reservas fueron esfumándose. Menos dos, ubicadas cerca de una comunidad que no estaba para trucos de magia. Platanares había decidido que Chaperno, de 9 hectáreas, y Punta Campana, de algo más de 19, no se venderían: serían propiedad colectiva, comunitaria. Por supuesto, les llegó su turno y a principios del 2008, avivatos de dentro y de fuera quisieron pasar por encima de la ley y de los intereses de la comunidad, empezando el proceso de compra-venta en estas reservas. La comunidad reaccionó y se organizó en un “Comité Pro Rescate de las Reservas de Chaperno y Campana”, encontrando el apoyo debido en la Alcaldía del distrito de Montijo. Hoy día - para hacer la historia corta -, ambas reservas están protegidas y legalmente aseguradas. Reforma Agraria ha expedido documentos certificatorios de los derechos posesorios comunitarios de ambos predios.
Dar el ejemplo.
Es cierto, no se trata de extensos bosques los que han logrado proteger, ni de montañas vírgenes. Pero sí que es grande el orgullo de los habitantes de Platanares y de alta calidad su logro. Esta gente ha aportado su grano de arena en los esfuerzos globales por cuidar al ambiente y desde su esquina del mundo nos han dado un ejemplo. Un ejemplo que podría ser contagioso.
Quizás lo mejor de toda esta historia es el mensaje que Platanares está transmitiendo a sus hijos y a sus nietos: Los derechos de la comunidad y de la naturaleza hay que hacerlos respetar.
Durante el año escolar 2008, las tres escuelas de la isla organizaron el concurso “Historia de mi isla Cébaco”, en cinco modalidades: composición, dibujo, poesía, décimas y oratoria. Una empresa local de reforestación, Eco-Cébaco, patrocinó el evento. La niña Isabel María Pineda ,de la escuela de El Almacigo, escribió en su composición: “Quiero que mi isla conserve su naturaleza, como quebradas, árboles, plantas, para que nuestros futuros niños conozcan su belleza” Y más adelante: “…Quisiera que la ANAM esté pendiente para que se cumpla todo aquello, que nos ayude a conservar nuestra isla de Cébaco”. Deiris Mojica, de la escuela de Platanares manifestó en su texto: “Mi comunidad hoy en día no tiene los suficientes bosques para proteger la fauna y flora silvestre, y no estamos organizados para proteger la fauna marina. Yo quiero que mi comunidad en el futuro tenga veredas y muchos grupos formados para mantenerla limpia. Y que las montañas de Chaperno y Campana las cuidemos, para que haya toda clase de animales de monte”.
Pescadores, agricultores, padres, madres y sus hijos han empezado a vislumbrar que unidos y organizados como comunidad, pueden proteger sus derechos y sus recursos. El mérito es de ellos y de las autoridades de Montijo que los apoyaron. Queda por nuestra parte agradecerles el ejemplo y la buena noticia.

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