La crisis financiera en Estados Unidos atemoriza al mundo
La expansión monetaria facilita el endeudamiento y reduce sus costos en toda la economía
La actual crisis financiera o recesión económica Norteamericana tiene sus raíces en el 2001, allí la Reserva Federal abrió los grifos monetarios para luchar contra una desaceleración. Derramó dinero en la economía y redujo drásticamente su principal tipo de interés, el de los fondos federales, del 3,5% en agosto del 2001 a tan sólo el 1% a mediados del 2003. La Reserva mantuvo ese tipo demasiado bajo y durante demasiado tiempo.
La expansión monetaria facilita el endeudamiento y reduce sus costos en toda la economía. Suele debilitar la moneda y aumentar la inflación. Todo eso empezó a ocurrir en los Estados Unidos, pero lo distintivo de esta ocasión fue que el nuevo endeudamiento se concentró en la vivienda.
Generalmente es cierto que los tipos de interés más bajos estimulan la compra de viviendas, pero esta vez, los bancos comerciales y de inversión crearon nuevos mecanismos financieros para ampliar el crédito destinado a viviendas a personas poco solventes.
La Reserva no quiso regular esos procedimientos. Prácticamente cualquiera podía endeudarse para comprar casa con poco o ningún pago inicial y pago de intereses durante muchos años.
Cuando el auge de los préstamos para viviendas se consolidó, pasó a auto intensificarse.
El aumento de la compra de viviendas aumentó los precios de estas, con lo que los bancos pensaron que era seguro prestar dinero a personas poco solventes. Al fin y al cabo, si no hacían frente a sus pagos, la propiedad de sus casas pasaría, revalorizada, a los bancos. Naturalmente esto solo funciona mientras suban los precios de las viviendas.
Una vez que llegan a su tope máximo y empiezan a bajar, las condiciones de los créditos se endurecen y los bancos se encuentran con la propiedad de casas cuyo valor no cubre el valor de la deuda.
Durante el 2006 y el 2007, la burbuja financiera que ahora está derribando instituciones financieras en un tiempo poderosas llegó a su tope. Entonces los balances de los bancos se llenaron con enormes cantidades de hipotecas en peligro, envueltas en complicados productos financieros que dificultaban la evaluación de los riesgos.
Los bancos empezaron a aminorar su ritmo de concesión de nuevos créditos y la morosidad de las hipotecas empezó a aumentar.
Los precios de las viviendas llegaron a su tope a medida que se reducían los préstamos y después los precios empezaron a bajar. Continuará...

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