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El retorno de los agustinos a Panamá en 181998
Mexicali - Publicado:
Los hijos de la Orden de San Agustín estuvieron presentes en el Istmo desde el albor mismo de la Colonia.Su labor evangelizadora y de vida religiosa fue extraordinaria y a ello aluden numerosos testimonios documentales a lo largo de tres siglos.Luego de la destrucción y mudanza de la ciudad de Panamá, los frailes siguen activos en su convento de San José, desde donde irradian una labor pastoral a toda la región panameña.Así estuvieron hasta mediados del siglo XIX cuando la virulenta persecución de Tomás Cipriano de Mosquera y José Hilario López en Colombia, barrió la vida religiosa del país.Todas las órdenes debieron tomar el camino del exilio mientras sus propiedades y otros bienes eran incautados por el Gobierno.La medida condujo a un empobrecimiento espiritual sin precedentes, a la desaparición del trabajo caritativo, a un descenso alarmante de la educación de párvulos y jóvenes.Entre los proscritos se contaban, por supuesto, los agustinos recoletos.Hubo que esperar a que el Presidente Rafael Núñez firmara con la Santa Sede el Concordato de 1887 y se pusiera fin a varias décadas de ignominia y expolio.Pero los caminos de Dios son otros y no siempre coinciden con las perspectivas humanas.En las Islas Filipinas hay acontecimientos políticos revolucionarios que marcan su separación de España.Es impresionante que aquellas revueltas traigan repercusiones positivas y beneficios para Panamá.Todo el clero español es barrido de Filipinas.Algunos Padres agustinos se embarcan y se hallan de paso en Panamá.En el muelle enfrentan dificultades de trámite.Corre el año 1898.El Obispo de Panamá es el Doctor José Alejandro Peralta, un joven Pastor intrépido que marcó el rumbo de la Iglesia panameña.Cuando los frailes se hallan en apuros en el desembarcadero, acierta a pasar Don Santos Jorge, maestro de capilla de la Catedral y antiguo alumno del Colegio agustino de Peralta de Navarra, España.Reconoce a los clérigos por el hábito y la correa e inmediatamente ocurre en su ayuda.Además, los pone en contacto con Monseñor Peralta.Este les solicita que algunos permanezcan aquí, escaso como estaba de clero luego de tantas conmociones políticas colombianas e istmeñas.A cambio les ofrece una pequeña iglesia medio derruida que había estado adosada de la muralla colonial: San José, que alberga el llamado "Altar de Oro".Cuál no sería la sorpresa de los clérigos cubanos, al aproximarse al desvencijado templo, vieron esculpido en el frontis el escudo de la Orden de los agustinos.¡Esta iglesia es nuestra! exclamaron casi al unísono.Y se dedicaron a su reconstrucción.El primer equipo de agustinos se repartió entre la capital y las misiones arduas en el Darién.He visto los libros darienitas donde aparecen las firmas de los Padres Félix Guillén, (quien poco después sucumbió a la fiebre amarilla), Celestino Falces, Miguel Lascaray, Melitón Martínez y otros campeones de la fe en Yaviza, La Palma, el río Sambú, Metetí y otras comunidades en una época de impracticables comunicaciones, separados por completo de los centros civilizados, viviendo pobremente en un impactante testimonio evangélico a finales del siglo XIX.Otros de los frailes, Bernardino García, fue capellán castrence; auxilió en los últimos momentos a Victoriano Lorenzo y tuvo el honor de bendecir la primera bandera de la recién proclamada República de Panamá, el 20 de diciembre de 1903.De esta manera,llamémosla providencial, regresaron los agustinos recoletos a Panamá en el último lustro de nuestra pertenencia a Colombia.En ese país del Sur llevaron a cabo un trabajo pastoral increíble entre campesinos e indios, en el Desierto de la Candelaria, en la Poa de Cartagena, en la selva del Chocó, en Pasto.Flor de aquellos desvelos fue Fray Ezequiel Moreno Díaz, modelo de Obispo, de virtudes heroicas, un baluarte contra los enemigos de la Iglesia en la era de irrespeto e intolerancia que siguió a muchos años de abierta persecución y anticlericalismo.Ezequiel fue elevado a los altares por Juan Pablo II.Es imprescindible escribir la historia de la Orden Agustina en Panamá que es un segmento de nuestro devenir espiritual y educativo.Conocerla y hacerla valorar enriquece nuestras raíces y nos habla de la denodada entrega de unos hombres que, dejándolo todo, empuñaron el arado durante un siglo si contamos desde aquel lejano 1898 cuando volvieron a poner su planta en nuestro suelo.La Iglesia de San José del Casco Viejo, el imponente Colegio de San Agustín, la Prelatura de Bocas del Toro confiada a su cuidado, las Parroquias de Río Abajo y la Sagrada Familia en David, son frutos de una cosecha religiosa que este año cumple 100 de constante fatiga por el Reino.Vive el carisma del Obispo de Hipona, Agustín el sabio, cuyos hijos forman parte de nuestro acontecer espiritual y pedagógico.Su historia está íntimamente imbricada con la nuestra por la obra pastoral que realiza en nuestro joven país.