Pierde la clase política

02/3/18 - 12:00 AM

  • Silvio Guerra Morales | [email protected] |                                             
He sostenido que allí en donde las libertades ciudadanas son descuidadas, consciente o inconscientemente, se degrada y deprava el sistema social.

El ciudadano va perdiendo credibilidad en la eficacia y eficiencia del sistema. Y, como si fuera poco, lenta y pausadamente, se desmorona todo real y verdadero vestigio del Estado de Derecho, entendido éste como un Estado tuitivo del catálogo de libertades ciudadanas.

No puede haber Órgano judicial, ni Estado, ni respeto a autoridad alguna, cuando esta ruptura y desequilibrio se produce, pues las consecuencias son impredecibles.

Estamos viviendo tiempos catastróficos para la institucionalidad, la vida social de los panameños y de cuantos habitamos en este país.

Algunos críticos o analistas han escrito sobre esta crisis de país, que se están produciendo episodios inéditos en la vida nacional o historia de esta patria.

Coincido con ellos en que efectivamente así viene aconteciendo. Simplemente, el estado de cosas da muestras claras de agotamiento y de un harto predecible desmoronamiento de la cosa administrativa, judicial y política.

Ello ha venido, sin duda alguna, impactando negativamente, erosionando y eclosionando, en los últimos años, el desarrollo del país, de nuestra gente y el escenario económico, aun cuando se siga hablando de una danza de millones de dólares, muestra una cara de padecimientos, sufrimientos, un rostro mustio.

Esa faceta económica se hace más palpable o visible en la pequeña y mediana empresa, en el sector agropecuario, en la industria de los bienes raíces, en el rubro de las exportaciones e importaciones, y todo acredita, amen de otras actividades, un panorama sombrío del cual, en donde uno se asoma, la pregunta que salta de inmediato es cómo vemos el país.

Respondemos hasta con cierto grado de timidez, pero sin negar la verdad: Tenemos un país, ahora mismo, postrado y acéfalo.

Postrado por cuanto se advierte lentitud en la actividad comercial y la economía de los panameños y también en quienes, viniendo de otros países, creyeron encontrar en Panamá, la panacea, un paraíso, para el desarrollo personal y la inversión empresarial. Acéfalo: sin dirigencia o líder.

Encontraron, los tales, cuando llegaron a Panamá un país que ejemplificaba el desarrollo latinoamericano; fuentes de trabajo, posibilidad de constituir negocios y establecimientos, y de pronto un hálito desagradable de fuente política ha venido inyectando una dosis fatídica de desánimo y desaliento en esta nación.

La discusión pasada de cómo lograr el país que queremos los panameños, pasó de ser tema en discusión y lo sustituimos por el tema de la justicia.

En un principio se creyó en la lucha contra la corrupción, consideramos que había que ponerle un tope final a el latrocinio de las arcas del Estado; que había que fortalecer la lucha contra los corruptos; que teníamos la obligación moral de reconstruir la Patria y no faltaron quienes hasta voces de júbilo y palmares dieron al nuevo gobierno en ese afán de ir contra toda costa de frente en la lucha anti corrupción.

No bien transcurrieron unos cuantos meses y el sueño de la lucha contra la corrupción empezó a desvanecerse. Se generaron dos fuerzas: Los que perseguían y los perseguidos. El pueblo, siempre, de observador y analítico enérgico, no se le escapó nada en esa mirada que suele darle a los problemas nacionales y de sus ojos no lograron escaparse los hipócritas que fueron desenmascarados de inmediato por nuestro pueblo. Todo para concluir que, como dicen las Escrituras: Lance la primera piedra quien se encuentra libre de pecados!

Ojalá que en esa lucha contra la corrupción el Gobierno Nacional hubiese empezado a dar muestras claras de auténtica transparencia y probidad y que también los denunciados y querellados por delitos, estando dentro de las filas del Gobierno, también hubiesen sido investigados, procesados, juzgados. Pero no. No sucedió así.

El pueblo se dio cuenta, tempranamente, que a los amigos del poder no se les toca, ni siquiera se intente incriminarlos, pues, al final de cuentas, ser amigo del poder es una atributo que genera relaciones, igualmente, de mucho poder. Y los amiguitos del poder tienen grandes tentáculos que usan para amarrarse y aferrarse a ese poder y son seres destructores, mala gente, soberbios, chupa medias, lambones, hipócritas y nada bueno hay en esas mentes que solo piensan en acrecentar sus arcas personales.

No, sin duda alguna, el pueblo está golpeado, afectado, física y emocionalmente. Pero quien realmente pierde en estas andanzas del poder político es la clase política que no ha tenido la entereza moral ni ética de darle a la nación, a los panameños, lo que merecemos como pueblo trabajador, gallardo y republicano: paz, estabilidad social y sosiego doméstico.

Abogado