Panamá
Sobre el tiempo sin redes y sin celular
- Arnulfo Arias
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Para entender la vida antes y después de los celulares, se tiene que formar parte de la generación que no convivió con ellos en su infancia, que es el tiempo en que se marca indeleblemente en el hombre la materia prima de los hábitos. Hace unos 25 años, probablemente, se masificó el servicio de celulares, hasta crecer hoy en día a la astronómica cifra de 6,1 millones de celulares en Panamá y de 7.4 mil millones de líneas móviles activas en el mundo. Pero la generación de hoy tiene que saber que hubo un tiempo en que las noticias fuera del hogar se añejaban lentamente, con el tiempo de la imprenta y la distancia de las estaciones terrestres y las transmisiones analógicas. Hoy no existe esa barrera ni del tiempo ni de la distancia. La transmisión de la fibra óptica viaja en forma paralela a la velocidad de la luz y, desde luego, más rápidamente que el latido y la emoción del ser humano; antes no era así. La rapidez con la que se propaga la información hoy día supera la velocidad con la que el cerebro humano la puede asimilar; cualquier computadora supera los 10 bits por segundo, que es la que capacidad con la que, en promedio, procesamos toda información.
Que si la vida ha cambiado, es una afirmación hoy día, más que una pregunta. La nostalgia de otros tiempos, ya es mero romanticismo de un pasado que jamás podrá volver. El conocimiento es como el líquido que se derrama de una soda expulsado por el gas; no podrá hacer ya su camino de regreso hacia el envase que lo contenía, porque se expande sin limitación alguna. Así son los tiempos que vivimos. Los que no se adaptan, pueden perecer tecnológicamente. El celular, para bien o para mal, es ya extensión del brazo, para los negocios, para los estudios, para los trabajos, para el hogar y, en general, para toda comunicación moderna. Que si los emojis prostituirán esa pureza del lenguaje, dejémoselo al tiempo y asimilemos con el necesario desapego los cambios que han sobrevenido al mundo y a la humanidad. Así como la naturaleza barre, sin prisa y sin remordimiento, las especies que se niegan a evolucionar, el internet también extinguirá tecnológicamente a todo aquel que oponga resistencia a la actualización moderna que vivimos.
Portamos hoy, en medio de la palma de la mano, una biblioteca entera con todo libro impreso, con todo diario de noticias y una emisora con cualquier lenguaje humano concebido. Con la inteligencia artificial nos acompaña hoy el inicio de lo que marca el fin de cualquier carrera tradicional, y no quepa duda de que en el futuro próximo se harán consultas médicas, legales y técnicas, de todo tipo, por medio de los servidores y de nuestro celular. Nos queda, entonces, adaptarnos o perecer tecnológicamente. Nos queda algún consuelo en la creatividad del ser humano, que jamás podrá ser superada, por lo menos mientras exista nuestra especie.

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