El Arco Chato y la falta de planificación urbana

23/11/03 - 12:00 AM

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La caída del arco rebajado del convento de Santo Domingo -más conocido como el Arco Chato- es un hecho lamentable.
Tras superar esta fase de consternación, hemos de reflexionar todos; principalmente aquellos que conforman el selecto gremio de técnicos y profesionales de la arquitectura, que eventualmente, aplican sus conocimientos en el recién constituido ámbito de la rehabilitación en Panamá.
También invito a este ámbito de reflexión a todos los responsables de aquellos estamentos gubernamentales y de entidades privadas que tienen en sus manos la capacidad legal y económica de disponer de los recursos y medios necesarios para preservar el patrimonio arquitectónico y cultural que nos ha legado la historia, hace ya más de 300 años.
El origen del asunto es la falta de planificación urbanística. Se deben crear ya los mecanismos más idóneos y adecuados para reorganizar y oxigenar nuestra caótica ciudad.
Para contribuir en este corto, pero profundo periodo de reflexión, transmito las siguientes inquietudes: ¿Hay voluntad -por parte de la Administración- de erradicar los accidentes urbanísticos implantados desde la década de los 60 en Panamá Viejo?
¿Hay un plan urbanístico de la ciudad de Panamá que considere la integración e integridad de los sectores considerados como Patrimonio Histórico? ¿Existe un programa de mejora de la infraestructura urbana en el Casco Viejo, que permita acoger, sin ninguna dificultad, todas las mejoras y reformas que se hagan en los vetustos inmuebles?
Sobre esta última reflexión, doy por supuesto que la rehabilitación aleatoria de monumentos y edificios antiguos en el Casco Viejo, no tiene ninguna efectividad si no se introducen cambios y modificaciones importantes en la legislación vigente. Se ha de asumir, que en este sector de la ciudad está obsoleta la red vial, la infraestructura, y que el uso del suelo y de los inmuebles se ha de planificar mejor.
No basta con hacer reparaciones puntuales, que no dejan de ser actuaciones cosméticas que benefician a un reducido y selecto sector de la sociedad.
El patrimonio arquitectónico de Panamá es de todos y la administración se ha de centrar en mejorar las condiciones precarias y de inestabilidad, que presentan muchas de estas estructuras; además de regular las intervenciones que cada día se desarrollen en este sitio.
El uso irregular que se le está dando al recinto y la falta de las más elementales medidas preventivas que se conocen para garantizar el buen estado de conservación de un monumento arquitectónico de esta envergadura, son pruebas más que evidentes que nos hacen pensar en esta posibilidad. El desplome del "Arco Chato", es un hecho lamentable que se pudo haber evitado.
Desdichadamente, este lamentable hecho se puede repetir en otras estructuras históricas del Conjunto Monumental de Panamá Viejo; el Casco Viejo o Portobelo, ya que sobre ninguno de estos sitios existe un plan especifico de intervención, que se aplique con la rigurosidad que requieren todos y cada uno de los elementos catalogados.
Hasta el día de hoy, la Administración no ha sido capaz de ordenar la planificación urbanística que tanto necesita la ciudad. Con ello, demuestra que carece de la sensibilidad necesaria para afrontar temas relacionados con el crecimiento ordenado de la ciudad y la protección del patrimonio construido.
Sin embargo, sí ha sido capaz de motivar y movilizar a unos pocos inversores del sector inmobiliario para que intervengan -de forma aleatoria- con proyectos de escaso interés y de poco beneficio social en el Casco Viejo.
Esta forma de proceder de la Administración, denota su incapacidad de prever los efectos que esta falta de planificación tendrá sobre aquellos sectores con alto contenido de elementos arquitectónicos de interés histórico y patrimonial. Ya existen flagrantes precedentes que ejemplarizan esta matización.
Por poner un ejemplo, hace unos años atrás se produjo un hecho similar en Panamá Viejo. Se desplomó parte del muro del convento de San José.
En esa ocasión, se determinó que la causa aparente del derrumbamiento, fuesen las constantes y reiteradas vibraciones producidas por el tránsito rodado que recorre la Vía Cincuentenario.
No es mi intención rebatir ese argumento, que considero válido. Pero estoy convencido de que si la implantación del Corredor Sur -en las proximidades del Conjunto Monumental- se hubiera hecho sobre la base de una correcta planificación urbanística, se hubiera abierto la posibilidad de reorganizar -entre otras cosas- el trazado vial del sector; eliminando esta arteria vehicular que afecta gravemente a muchas estructuras del Conjunto.
Pero, aún se continúa utilizando la Vía Cincuentenario y las autoridades edilicias parecen no sentirse aludidas por las nefastas consecuencias que este factor puede tener sobre el Patrimonio Histórico de Panamá Viejo.
El desplome del muro del convento de San José en enero de 2001 y el desplome del Arco Chato -hace apenas unas semanas- guardan una estrecha relación; debido a las causas aparentes que lo han provocado. Además, estos hechos certifican la carencia que tiene la ciudad de Panamá, en materia de planificación urbanística y de protección del patrimonio arquitectónico construido.
Espero que estas y otras muchas inquietudes que vayan surgiendo -a propósito- nos hagan reflexionar sobre la suerte que corren los restos arquitectónicos que aún no se han destruido.
La primera acción a tomar para corregir estos errores, es la de exigir a la Administración que inicie las gestiones pertinentes para atenuar el caos urbanístico que impera en la ciudad, y legislar objetivamente, en materia de conservación y protección de nuestro patrimonio arquitectónico.
Desde mi punto de vista, no es el momento de cargar las tintas contra nadie, ni de culparnos por lo ocurrido. Todos juntos, debemos sumar y no restar en el intento de recuperar uno de los símbolos más representativos de nuestro pasado colonial.
Juntos, tendremos que aportar nuestro grano de arena y trabajar en la búsqueda de fórmulas más idóneas y factibles para reconstruir el "Arco Chato" y reparar así la grave impronta que ese hecho ha causado a nuestra identidad.
*El autor es arquitecto panameño. Trabaja en la restauración, conservación y protección de edificios y monumentos históricos en Barcelona - España.