El ministro alemán de Exteriores Guido Westerwelle, reconoció hoy en Túnez la dificultad de Occidente de aceptar "de un día para otro" la llegada de los islamistas al poder en los países donde ha triunfado la "Primavera Árabe", aunque subrayó que Europa tiene que adaptarse y respetar su legitimidad.
"Para Occidente es difícil aceptar de un día para otro la orientación islamista del poder en los países de la Primavera Árabe, pero hoy eso es una realidad y Europa tiene que adaptarse y cooperar con los partidos islamistas demócratas y respetar su legitimidad", aseguró Westerwelle.
El jefe de la diplomacia alemana, que visita Túnez poco después de que lo hayan hecho sus homólogos francés e italiano, calificó de "modelo para la región" los avances tunecinos hacia la transición democrática desde la huida del país del presidente Zin el Abidin Ben Ali, el 14 de enero de 2011.
Asimismo, subrayó que lo importante para Alemania son "los hechos y el nivel de respeto y consagración de los valores de la democracia", por lo que, agregó: "consideramos falsa la idea de que el islam es contrario a la democracia".
Tras las primeras elecciones democráticas tunecinas, celebradas el pasado 23 de octubre, el movimiento islámico An Nahda se alzó con la victoria y logró formar gobierno en coalición con dos partidos laicos.
Asimismo, en Egipto, a falta de la jornada electoral de mañana, el grupo islámico de los Hermanos Musulmanes, se perfila como gran vencedor de los primeros comicios celebrados tras la caída del presidente Hosni Mubarak, el 11 de febrero de 2011.
En Marruecos, la apertura propiciada por el régimen permitió que el también islamista Partido Justicia y Desarrollo ganara las legislativas del 25 de noviembre.
Tras reunirse con varios responsables, Westerwelle hizo hincapié en el apoyo financiero prestado por su país a Túnez, que enmarcó en la "importancia de la adecuación entre el desarrollo político y el económico".
Por su parte, el ministro tunecino de Asuntos Exteriores, Rafik Ben Abdesalem, alentó a su homólogo alemán a orientar dichas inversiones y proyectos a las zonas más marginadas del interior del país.
Francia, Italia y Alemania son los tres principales socios comerciales y económicos de Túnez.