El efecto de los atentados, y de la consiguiente “guerra global contra el terrorismo”, se ha hecho sentir con severidad en América Latina, que no andaba del todo bien antes de esa fecha y cuya situación, sobre todo la económica, ha empeorado notablemente desde entonces.
“Antes del 11 de septiembre la región sufría por la aversión (de los inversionistas extranjeros) a sufrir riesgos. Ahora hay prácticamente una sequía”, señaló Enrique Iglesias, presidente del BID.
De hecho, y en gran parte como consecuencia del desinfle de la economía estadounidense posterior a los ataques, el Producto Interior Bruto de América Latina crecerá un exiguo 0.7%, un punto menos de lo previsto anteriormente, según datos FMI.
Las interconexiones entre EU y el resto de los países del continente son enormes, explicó Michael Connolly, de la Universidad de Miami, y “cuando EU tiembla, la sacudida se hace sentir en todo el hemisferio”.
“El efecto ha sido muy fuerte”, dijo Connolly, que se especializa en la situación económica del continente.
En primer perjudicado, agregó, fue el sector turístico, que se vio impactado casi instantáneamente. “Los estadounidenses no se sienten seguros cuando viajan al exterior y eso ha congelado el turismo”.
Por ejemplo, México recibió en el primer trimestre de este año 250,000 turistas menos que en el mismo periodo del año anterior, según cifras de la Secretaría de Turismo de ese país.
Además, al sufrir EU una etapa de bajo crecimiento económico, en parte causada por los atentados, y al disponer sus consumidores de menos dinero, se han reducido significativamente las importaciones, quedando afectados algunos sectores industriales de la región, dijo Connolly.
Adicionalmente, se ha detectado una merma en las remesas que los inmigrantes que residen en EU mandan a sus familiares en sus países de origen. Estos envíos de dinero son una importante fuente de divisas para Centroamérica.
Y a todo esto se suman las caídas en las bolsas de NY, lo que ha generado un efecto de dominó en otros mercados de valores en el resto del continente.
Para el economista Connolly, Washington ha regresado a su vieja tradición de desatender, aunque sin admitirlo, los asuntos del hemisferio.
Sin embargo, y pese a todo esto, a largo plazo los expertos auguran que América Latina se levantará de la cama donde ahora descansa adolecida.
El FMI pronostica un crecimiento de 3.7% para la región en el 2003. Esto es, siempre y cuando también se cumpla la esperada recuperación económica de EU.
Y otra condición: que no se agrave o propague aún más la crisis financiera que mantiene a Argentina casi paralizada y que ya ha golpeado a Uruguay y en menor escala a Brasil.
“Todo presidente tiene un plan de trabajo, pero siempre están sujetos a los caprichos de la historia”, dijo el asesor principal de Bush, Karl Rove. El momento es lo que fija las exigencias; “les imponen guerras, recesión y disputas, o hasta la tranquilidad”. “Eso es lo que la historia le ha dado” a Bush, dijo Rove.
El regalo que le ha dado la historia a Bush fue la oportunidad de despojarse de la imagen que tenía de presidente mal preparado, elegido por un escaso margen de votos, a la de un líder de tiempos de guerra con popularidad que rompió récords. Su impregnabilidad política duró semanas.
Durante esos momentos en que la ciudadanía se hizo una con su presidente, no notó que la política nacional se estaba estancando: los planes para privatizar parte del sistema de seguridad social, mejorar el expendio de fármacos a los jubilados, reformar las leyes electorales e incrementar la participación de la religión en los servicios que el gobierno proporciona.
Y lo más chocante ha sido el enorme crecimiento del déficit, luego del superávit legado por Clinton.
Los años de ‘gobierno grande han terminado’ ha concluido’’, dijo Paul Begala, un estratega demócrata cuyo ex jefe, Clinton, acuñó la frase.
Algunos analistas dicen que Bush está realizando la más abarcadora expansión de los poderes presidenciales desde el Nuevo Trato (New Deal) de Roosevelt.