El Gobierno de Argentina advirtió hoy que no permitirá el ingreso de capitales especulativos que aprecien el peso argentino, moneda que la autoridad monetaria local busca mantener competitiva para favorecer las exportaciones.
"El Gobierno continuará restringiendo el ingreso de capitales especulativos que quieren apreciar el tipo de cambio para maximizar sus ganancias. Buscan que compremos la sobre oferta de bienes de los países desarrollados para desplazar el trabajo argentino" dijo hoy la ministra de Industria argentina, Débora Giorgi.
En una visita a un parque industrial en la ciudad bonaerense de San Nicolás, la ministra criticó a quienes "buscan la rentabilidad de corto plazo y lo único que quieren es que nuestro tipo de cambio sea menos competitivo".
"No lo vamos a permitir. No vamos a dejar que nos obliguen al ajuste, no vamos a dejar que nos presionen para endeudarnos", aseguró.
Según un informe de la consultora privada EconViews, la liquidación de divisas récord por parte de los exportadores de granos y el ingreso de dólares para la compra de activos locales y por las emisiones de deuda de provincias y empresas "ponen bajo presión" al programa monetario del Banco Central argentino.
En lo que va del año el complejo exportador de oleaginosas y cereales ya liquidó 19.000 millones de dólares, un 34 por ciento más que en igual período de 2009.
Según la consultora, las emisiones públicas y privadas realizadas en las últimas semanas también "están contribuyendo a la lluvia de dólares" en el mercado argentino, fenómeno alentado por el apetito por papeles de mercados emergentes, y en particular de países con altos rendimientos como Argentina.
"Esta fuerte oferta de dólares hizo que el Banco Central tuviera que intensificar sus compras para evitar que caiga el tipo de cambio nominal. En lo que va del año, el Central compró 37.500 millones de pesos (9.422 millones de dólares), cifra que casi triplica lo comprado a lo largo de todo el año pasado", apuntó EconViews.
Según medios locales, por los efectos en el mercado doméstico de la denominada "guerra de monedas" global, el Gobierno de Cristina Fernández ha comenzado a suavizar los controles informales a la importación de alimentos y otros productos que había impuesto el año pasado, en plena crisis económica mundial.