Su nombre genera 24 millones de búsquedas en Google. Es el hombre más rastreado, luego de la mayor filtración de documentos del gobierno de Estados Unidos, a través del portal de Internet Wikileaks, proeza que lo colocó en el ojo de la tormenta mundial.
Julian Assange, el australiano de 39 años que puso en jaque la política exterior de Estados Unidos, nunca desempaca su maleta. En 2010, cuando un grupo de medios de comunicación -a nivel mundial- comenzó a publicar los cables secretos de la diplomacia estadounidense, llevaba una vida clandestina: nadie sabía su paradero exacto y ni dónde pasaría la noche. "He estado durmiendo en aeropuertos", dijo durante una entrevista.
Es una figura que provoca sentimientos encontrados: para algunos un héroe de la libertad de expresión y para otros un enemigo y traidor de Estados Unidos.
Aunque ahora tiene base en un pueblo cercano a Londres (Gran Bretaña), durante gran parte de su vida se movió de ciudad en ciudad, desde donde coordinaba con su equipo como filtrar los cables en los diferentes medios de comunicación del mundo. El número de voluntarios, que inicialmente era de 12 personas, creció a 800 periodistas, quienes verifican la autenticidad de los documentos que recibe Wikileaks.
La organización tiene oficinas en Islandia y en Bélgica y Suecia está instalados partes de sus servidores.
Assange utiliza nombres falsos en los hoteles en que se hospeda y efectivo en lugar de tarjetas de crédito. Incluso, cambia constantemente de teléfono. Según un reportaje de la revista The New Yorker, "sus números de teléfono y sus direcciones de ‘e-mail’ cambian constantemente; con su capacidad de evasión y de enmascarar los detalles de su vida, puede volver locos a quienes lo rodean". Las comunicaciones las realiza a través de sistemas encriptados.
Quienes lo han entrevistado describen a Assange como un hombre esquelético, de voz baja y ojos gélidos y grises. Su fama mundial la logró en julio del año pasado cuando publicó unos 90 mil cables confidenciales de Estados Unidos sobre la guerra en Afganistán y otros miles sobre la guerra en Irak.
Actualmente, publica unas 250 mil comunicaciones relacionados con seguridad, corrupción, economía, narcotráfico, diplomacia y tráfico de armas. Todos, cables secretos de la diplomacia de Estados Unidos.
El escándalo, tras la filtración, fue de tal magnitud, que hasta la secretaria de Estado, Hilary Clinton, tuvo que llamar telefónicamente a las autoridades de varios países, que fueron afectados por la fuga de información, para justificarse y pedir perdón por el lenguaje “franco” de sus embajadores.
Aparte del Gobierno estadounidense, Assange también tiene como enemigos a las mafias y a la banca internacional. Ello, sin contar las amenazas que recibió de parte de los estamentos de seguridad de algunas naciones. "Me gusta aplastar bastardos. Vigilar a los criminales es una forma de proteger a las víctimas", expresó cuando se le preguntó por qué hace lo que hace.
¿Quién es Assange?
Nació en 1971, en la ciudad de Townsville, en la costa oriental de Australia. Se considera un periodista apasionado por la tecnología. Su filosofía: que la información sea libre y pública, un principio que lleva el nombre de ‘transparencia radical’.
Fue un estudiante sobresaliente de Física y Matemáticas. Antes de asumir su actual cargo como director, asesor y editor en jefe de Wikileaks -sitio que fundó en 2006- fue un hacker y programador de sistemas. En la red tenía el seudónimo de ‘Mendax’.
Que lo llamen hacker es, paradójicamente, una de las pocas cosas que le irritan. "Desde que la mafia rusa se dedicó a saquear las cuentas bancarias de las abuelitas, la palabra hacker ya no suena agradable como en el pasado", dijo.
A sus 20 años logró penetrar la terminal central de una empresa de telecomunicaciones de Canadá y se convirtió en el más famoso hacker de los “International Subversives” de Australia. A pesar de que la Policía lo arrestó, salió libre tras pagar una multa de 2 mil 100 dólares australianos. En 1999 se separó de su mujer. Tiene un único hijo.
Estudió en 37 colegios y durante los primeros años de su vida se sintió –según dijo- como Tom Sawyer: un huérfano, un travieso y un joven valiente.
Su padrastro fue miembro de una secta siniestra, cuyas costumbres asustó a su madre, que huyó durante cinco años junto Assange y su hermanastro.
La pasión de Assange por la tecnología nació cuando su familia se instaló, en medio de la fuga, en una casa ubicada frente a una tienda de aparatos electrónicos. Allí empezó todo.