Atados a la "máquina de la muerte"


El dolor y el debilitamiento se reflejaban en cada uno de los rostros de los pacientes de las salas de hemodiálisis del Complejo Hospitalario Metropolitano de la Caja de Seguro Social (CSS).
Hombres y mujeres del tercer turno esperaban pacientemente a que la "máquina de la muerte", como ellos la llaman, limpiara y purificara su sangre contaminada de toxinas y con exceso de agua a consecuencia de que sus riñones no funcionan debidamente.
Eran las seis de la tarde y si las dos salas (A y B) estaban casi a su máxima capacidad, afuera, en el pasillo, esperaban más pacientes del cuarto turno, de pie, porque no hay sillas donde sentarse.
En las Salas A y B existen cuatro turnos. El primero de 6:00 a 10:00 a.m., el segundo de 11:00 a.m. a 3:00 p.m., el tercero es de 4:00 a 8:00 p.m. y el cuarto inicia a las 8:30 p.m. y termina a las 12:30 a.m.
Cuatro horas permanecen unidos a la máquina, tiempo en que pueden perder de tres a nueve libras por sesión, o sea que en una semana pueden perder hasta 27 libras de peso. Eso dependerá de cuánta agua retuvieron y si se excedieron en su peso por comer demasiado.
Mientras esperábamos al vocero de los pacientes de hemodiálisis, Marcos Mosquera, quien nos había citado en el lugar, conversamos con Delfira de Martínez, de 27 años, quien nos concedió la entrevista mientras comía sentada en una cajeta.
La joven paciente dijo que era bastante nueva en la sala, ya que sólo tiene ocho meses si se le comparaba con otros que llevan años acudiendo a la CSS.
Martínez lamentó que las personas no tengan conciencia sobre lo importante que es donar órganos, porque si lo hicieran podrían salvar la vida de sus semejantes que no tienen la dicha de estar sanos.
Observamos sus brazos marcados por cicatrices, debido a las fístulas que les hacen entre la arteria y la vena, creando así la conexión entre el paciente y la máquina de hemodiálisis para filtrar y purificar la sangre.
Al preguntarle sobre la dieta que debe llevar, dijo que muchas veces ésta no sirve de nada porque lo que hace es debilitarla y entonces el proceso de diálisis es más molestoso y doloroso.
Señaló que el año pasado murieron cuatro compañeros porque el agua que no eliminaron se les fue a unos a los pulmones, y a otros al cerebro.
En ese momento una señora que escuchaba la entrevista, comentó que ella era madre de un paciente de 27 años, que tiene casi cuatro años de padecer insuficiencia renal. Expresó que lo único que quiere es que su hijo viva dignamente, y eso sólo se puede lograr a través de un trasplante cadavérico de riñón.
Otra de las pacientes que esperaba, de pie, su turno era la profesora Elsa Almengor, quien nos expresó que hace tres años le diagnosticaron que sus riñones se estaban endureciendo, por lo que inmediatamente fue puesta bajo tratamiento, "pero hace un año que fui enviada a la sala de hemodiálisis porque los medicamentos no me hacían efecto", agregó.
Con tristeza expresó que "lamentablemente" sus familiares no pueden ser donantes de riñón porque no son compatibles con ella, por lo que su única esperanza es el trasplante cadavérico.
La docente manifestó que para que una persona que necesita un trasplante sea tomado en cuenta y logre el llamado "Protocolo", debe enviar una nota a la directora de la CSS, quien debe certificar que el paciente ha cumplido con las cuotas de la entidad y puede optar por un trasplante.
Luego se ingresa a la lista de espera, mientras "los polillosos", como dice que les llaman, sufren el calvario de la hemodiálisis.
Almengor nos manifestó que ha tenido la suerte de no ver morir a ningún compañero en la sala de hemodiálisis, y nos dio a conocer su preocupación porque ningún médico se encuentra presente cuando se hacen la hemodiálisis, así que sólo cuentan con el auxilio de las enfermeras, a quienes felicita por su trabajo.
La profesora nos relató el proceso para ser dializado. Primeramente indicó que si llegan de urgencia se les pone un catéter que llega a la arteria, pero si van porque les toca la hemodiálisis (que en la mayoría de los casos son tres veces por semana) entonces les hacen una fístula en la piel donde le ponen dos gruesas agujas por donde entra y sale la sangre.
La máquina saca el agua que no expulsamos, ya que orinamos muy poco, y las toxinas que nuestros dañados riñones no pueden eliminar, expresó Almengor.
Indicó que cuando les colocan las agujas en la fístula el dolor "es muy grande" y que al terminar la hemodiálisis en muchas ocasiones se sienten débiles, vomitan o se marean por lo fuerte del tratamiento.
La profesora mencionó que su vida, a raíz de la enfermedad, ha cambiado mucho y el tomar agua, que puede ser algo normal para la mayoría de las personas, a ella, como a los otros pacientes, se les tiene prohibido. Lo más que puedo tomar son tres vasos de agua, y si tomo sopa debo restringir aún más el delicioso líquido, dijo.
Con cara de tristeza expresó que "al principio fue muy difícil, lloraba porque no podía creer que me estuviera pasando esto, y mi familia ha sufrido a la par conmigo".
Dijo que cada sesión cuesta B/.300 por paciente y que la Caja de Seguro Social paga unos B/.18 mil 500 por trasplante cuando éstos se realizan en Colombia.
Aún esperábamos a Mosquera, quien llegó acompañado de su esposa. Apenas llegó nos llevó a ver las salas, que ya habíamos visto minutos antes, sin embargo, una enfermera se lo impidió.
Mosquera aseguró que las autoridades de la CSS impiden que los periodistas vean las instalaciones de hemodiálisis, porque sólo basta entrar para percatarse de lo que representa estar conectado a la llamada máquina de la muerte.
Reveló que las máquinas que se usan actualmente se lograron gracias a las protestas que realizaron en la calle, porque de no ser así estarían aún las antiguas, que eran mucho más devastadoras.
El paciente que tiene tres años de hacerse la hemodiálisis, y ya está perdiendo la visión y la audición, explicó que la máquina es tan "fuerte" que poco a poco acaba con ellos. Señalando su mano hacia una señora en silla de ruedas, manifestó "ella llegó aquí caminando y mire cómo está ahora"; minutos antes nos había mostrado a otra señora que tenía cinco años de recibir la hemodiálisis y ahora está ciega.
Pareciera que nadie comprendiera que hoy estamos aquí, pero mañana no, dijo el vocero, que lamentó la falta de humanidad de muchos médicos y autoridades de la CSS y el Ministerio de Salud, ya que afirmó que la comunidad sí está dispuesta a donar sus órganos, pero son los funcionarios y galenos los que no toman la decisión de hacer trasplantes cadavéricos en Panamá, porque sólo piensan en los beneficios económicos y no en la obra social que realizarían.
Mosquera dijo que si es necesario que se traigan médicos extranjeros que se haga, ya que ellos no pueden esperar a que los nacionales se decidan a operarlos.
Sobre el acuerdo con la ministra de Salud, Aida de Rivera; la directora de la CSS, Marianela Morales y los pacientes de hemodiálisis, indicó que el mismo representa que se enviarán muestras de sangre vía aérea al país suramericano para que sean analizadas, pudieran ser unas 250, y luego tendremos que esperar si hay compatibilidad, y quienes son los 50 afortunados.
En ese momento, en el pasillo, la enfermera supervisora de apellido Serrano, nos pide que abandonemos el lugar; Mosquera algo molesto le dice que la entiende porque ella sólo cumple órdenes. Sin embargo, le advierte que si tiene que subir a una tropa de periodistas para que ellos vean por sí mismos qué es la sala de hemodiálisis, lo hará por encima de quién sea.
Serrano decide entonces llamar a la seguridad del Complejo Hospitalario Metropolitano, mientras Mosquera señaló que él ha visto la muerte cuatro veces y aseguró estar dispuesto a todo, porque lo que hacen es matarlos en vez de salvarlos.
Caminamos hacia el ascensor y nos presentó al señor Melquiades García, también paciente de hemodiálisis, quien nos dijo que como consecuencia de la misma ya perdió un ojo. "Uno ve la muerte poco a poco", expresó.
El seguridad de la CSS llegó y nos pidió que bajáramos porque está prohibida la entrada de periodistas al área.
Antes de tomar el ascensor, acompañada del funcionario que se aseguró de nuestra ida del Complejo Hospitalario, el vocero de los pacientes de hemodiálisis, quien fue hospitalizado al día siguiente, manifestó que es primordial que los panameños tomen conciencia de lo importante que es la donación de órganos, ya que cientos de vidas se salvarían, entre ellas las de muchos niños y jóvenes que no pueden llevar una vida normal porque la falta de un riñón sano los ha llevado, incluso, a estar postrados en una silla de ruedas o a perder la hermosa facultad de poder ver la vida con sus propios ojos.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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