Las fiestas navideñas en Latinoamérica se mueven también al conjuro de bebidas deliciosas como el coquito, los ponches de crema y de frutas, o el restaurador chocolate caliente, propuestas imprescindibles en estas fechas de celebraciones y reuniones familiares.
El renglón de las bebidas navideñas y tradicionales se mantiene firme en América Latina, está claro. No pueden faltar al inicio o remate de las celebraciones gastronómicas, que se suceden, al igual que en España, prácticamente durante todo diciembre y parte de enero.
Con permiso de los dietistas y expertos que, como todos los años, piden moderación en la mesa y en la ingestión alcohólica, la resaca y digestión de pelícano son santo y seña común en estas fiestas.
Las "novenas navideñas" de colombianos, ecuatorianos y bolivianos acompañan, cuando no "sacramentan", la octava libación de aguardiente, mientras que los mexicanos y costarricenses coinciden en que se deber dar "posada" y ponche a todos los que conmemoran el camino hacia Belén.
Lo cierto es que los sabrosos ponches navideños son muy populares en Latinoamérica y con ellos se suele agasajar en los hogares a los invitados y familiares.
Bebida y emblema navideño por excelencia en la mesa puertorriqueña, el coquito resulta, a la hora de los postres, siempre servido bien frío, goloso e indispensable.
En su composición entra el ron blanco, yema de huevo, leche evaporada y condensada, leche de coco, vainilla y canela. Toda una delicia de la inventiva boricua.
Su grato paladar entraña un peligro obvio para aquellos que, presos de la alegre exaltación etílico-navideña, olvidan que las bebidas dulces alcohólicas producen encarnizadas resacas.
Otro reclamo navideño que acompaña a las mil maravillas al popular "panettone" es el nutritivo y calórico ponche de crema venezolano, elaborado a base de leche, huevos, aguardiente y azúcar.
A su dulce untuosidad le va muy bien unas rocas de hielo en el vaso.
Si nos transportamos a México, es el ponche caliente de frutas el que se impone como corolario de los postres, turrones y mazapanes, porque no sólo de tequila beben y viven los mexicanos en sus horas de celebraciones.
La despensa de fruta tiene en esta bebida su esplendor: tejocotes (manzanitas amarillas agridulces), ciruela, tamarindo, pasas, manzanas, cáscara de naranja, etcétera, todo puesto a hervir con piloncillo (azúcar morena) y servido con ron o brandy al gusto.
Los colombianos prefieren, con postres clásicos como los buñuelos o las natillas, una copita de aguardiente de caña y esencia de anís.
Resulta muy agradable e idóneo en Navidad el combinado conocido entre los colombianos como "Cola de mono", a base de leche puesta a hervir con café, azúcar, clavo o canela y el toque final de Aguardiente Cristal.
Las navidades peruanas no son lo mismo sin el ya mencionado panettone y una taza de chocolate caliente con que saborear esponjosos pedacitos de este aromático bollo.
Este pan dulce de gran tamaño que contiene pasas y confituras, traído a América Latina por inmigrantes italianos, protagoniza las celebraciones gastronómicas navideñas de los argentinos, quienes lo acompañan en la sobremesa con un copa de lemonchelo, un licor casero hecho a base de cáscara de quinoto, banana, limón, anís e hinojo.
La Navidad es también el tiempo más propicio para degustar el vivaz y espumoso cava español.
Vino predilecto al momento de los brindis, sin el estallido de su tapón al abrir la botella las celebraciones navideñas quedarían un poco huérfanas y desdibujadas.