BP intentará frenar el derrame con una caja contenedora tras cortar la tubería gigante
REDACCIÓN
British Petroleum (BP) logró cortar hoy la tubería subterránea por la que fluía petróleo al Golfo de México e intentará colocar ahora una caja para recolectar el carburante sobre el orificio abierto y transportarlo después a la superficie.
La tubería estaba conectada al sistema de prevención de explosiones (BOP), un complejo entramado de válvulas que debería de haber sellado el pozo por el que fluye carburante desde hace 45 días cuando se produjo el accidente en la plataforma operada por BP.
Se trata, al igual que ha ocurrido con los intentos previos para contener el derrame, de una operación con un final incierto, aseguró hoy en rueda de prensa el comandante de la Guardia Costera estadounidense, Thad Allen.
El comandante indicó que el corte en la tubería fue irregular debido a problemas iniciales con la sierra operada a control remoto lo que podría dificultar la colocación de la caja para recoger los cientos de miles de litros de crudo que contaminan el Golfo.
"Tendremos que ver cuando se instale la capucha lo efectiva que es", apuntó Allen, quien describió lo ocurrido hoy como "un significativo paso adelante".
BP ha advertido que aunque el sistema funcione no se detendrá por completo el derrame de petróleo.
La solución definitiva no llegará hasta que finalicen las labores para excavar dos pozos alternativos con los que se interceptará el crudo que mana al mar, pero la operación podría prolongarse hasta agosto lo que exacerbaría el ya enorme desastre ecológico actual.
Mientras tanto, el consejero delegado de BP, Tony Hayward, reconoció en una entrevista hoy con el diario The Financial Times que la empresa no estaba preparada para un evento catastrófico como este.
El ejecutivo calificó de crítica "totalmente justa" el decir que la compañía no estaba lista para un derrame en las aguas del Golfo de México, donde exploraba un pozo a 1.500 metros de profundidad.
"Lo que es indudablemente cierto es que no teníamos las herramientas necesarias" para hacer frente a la situación, reconoció el ejecutivo.
La multinacional accedió hoy a costear los 360 millones de dólares que costará erigir barreras de arena para proteger los pantanos del estado de Luisiana de los efectos del derrame.
BP dice haber gastado ya unos 990 millones de dólares en los esfuerzos de contención, limpieza y distintas compensaciones por la catástrofe.
El vertido ha llevado, además, a las acciones de BP a perder una tercera parte de su valor en Bolsa e hizo que las agencias de calificación de riesgo Fitch y Moody's rebajaran hoy la calificación que asignan a la petrolera.
Hayward tiene previsto participar mañana en una rueda de prensa para hablar sobre la situación financiera de la compañía.
En medio del desastre, la Casa Blanca anunció hoy que el presidente Barack Obama volverá mañana a la costa del Golfo, en Luisiana, la zona más afectada por el derrame de petróleo.
Esta será la tercera visita que realiza Obama a la zona en algo más de un mes.
Mientras tanto grupos de activistas organizados en torno a la campaña "Seize BP" iniciaron hoy una semana de manifestaciones en 50 ciudades del país para protestar por la situación en el Golfo y pedir que se incauten los activos de la multinacional.
El derrame en el Golfo de México comenzó el 20 de abril a raíz de la explosión en una plataforma operada por BP que se hundió dos días después y en la que murieron once trabajadores.
El poder del dinero propició el desastre en el Golfo, según expertos
Washington, 3 jun (EFE).- El poder del dinero propició el desastre en el Golfo de México, donde al igual que en Wall Street, los reguladores dejaron un amplio margen de maniobra a una industria que campó a sus anchas, según expertos consultados por Efe. "Es la misma historia una y otra vez pero en distintos sectores", dijo a Efe Richard Olson, director del departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de Florida, quien cita como el ejemplo más reciente lo ocurrido en Wall Street. La Comisión de Valores, dice Olson, "se quedó dormida en los laureles" a la hora de vigilar a los grandes bancos de Wall Street con las consiguientes consecuencias dramáticas para la economía mundial y ahora es el Servicio de Gestión de Minerales (MMS) el que ha quedado en evidencia. El MMS, una agencia hasta ahora desconocida encargada de supervisar las exploraciones de petróleo y gas, ha resultado ser un organismo "corrupto" en palabras del presidente de EE.UU., Barack Obama, quien ha denunciado la "estrecha relación" entre reguladores y regulados y ha prometido "limpiar la casa". Un informe independiente publicado el 25 de mayo por el inspector general del Departamento del Interior señala que los reguladores del MMS aceptaban con frecuencia regalos de la industria y que compartían mesa y mantel, a gastos pagados, con los responsables de las empresas que debían de supervisar. El diario The Wall Street Journal, por su parte, relataba este martes como el MMS aprobó de forma casi instantánea tres cambios solicitados por BP en el plazo de 24 horas en el pozo que exploraba en el Golfo, que quedó abierto a raíz de la explosión el 20 de abril en la plataforma operada por la multinacional. En una de esas instancias el cambio recibió luz verde en el plazo récord de "cinco minutos". "El MMS estaba demasiado cerca de la industria y lo que parece es que le dio carta blanca para que se autorregulase", dijo a Efe Steffen Schmidt, de la Universidad de Iowa. No falta quien aduzca que la complejidad de las exploraciones petrolíferas en aguas profundas hace que el sector público dependa del conocimiento técnico acumulado por el sector privado. Pero Daniel Kaufmann, ex director anti-corrupción del Banco Mundial y analista ahora del centro de estudios Brookings Institution en Washington, responde así ante ese argumento: "Que no me vengan con cuentos". Kaufmann dice que si no existiese "captura" o control, ese menor conocimiento podría superarse recurriendo a estudios independientes o contratando a consultores independientes externos. El experto dice, además, que el sector público podría considerar, al igual que hacen países como Singapur, mejorar los sueldos de los funcionarios sobre todo en ciertos sectores como el de la energía o las finanzas donde hay una clara diferencia con el sector privado. "No es que la situación no se pueda resolver", aduce Kaufmann, quien señala que el problema de fondo son los que él llama "sobornos sutiles" como las invitaciones a viajes y otros regalos. A eso se suma el que a menudo representantes de la industria asumen puestos clave en las agencias reguladoras, una práctica común durante la presidencia de George W. Bush, pero que también se ha repetido con otros presidentes. De esa forma la industria tiene acceso directo al poder político. La tercera vía de influencia son las campañas políticas, a las que las compañías de petróleo y gas han contribuido tradicionalmente de forma generosa. Obama llegó a Washington con la promesa de que reduciría la influencia de los grandes intereses en la política, pero los expertos creen que todavía le queda mucho por hacer. "Esto no va a ser fácil de arreglar sobre todo porque la demanda y necesidad de petróleo es tal que va a ser difícil tener unos reguladores muy hostiles que desincentiven a la industria a la hora de invertir", pronostica Thomas Schwartz, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Vanderbilt (Tennessee). El propio secretario del Interior, Ken Salazar, dejó claro en una audiencia el pasado 18 de mayo que EE.UU. depende del petróleo que obtiene con las perforaciones en alta mar en un espaldarazo a su continuidad pese al catastrófico derrame en el Golfo.