Brasil liberó este año un total de 4.418 personas sometidas a condiciones de trabajo análogas a la esclavitud, según cifras del Ministerio de Trabajo citadas hoy por el diario O Estado de Sao Paulo.
El número de personas liberadas fue inferior al del año pasado (5.999), pero superó tanto el de 2006 (3.417) como el de 2005 (4.348) y el de 2004 (2.887).
La mayoría de los semi-esclavos fue liberada en las 125 operaciones especiales realizadas este año por el Grupo Móvil de Fiscalizaciones, que integran fiscales del Ministerio de Trabajo y agentes de la Policía Federal.
El número de operaciones de este año fue el mayor desde que el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, lanzó en 2003 el Plan Nacional para la Erradicación del Trabajo Esclavo, que preveía inicialmente acabar con el problema en 2006.
El número de operaciones viene creciendo gradualmente desde las 67 de 2003, el primer año de Gobierno de Lula, y llegó a las 109 en 2006 y a las 116 en 2007.
Estas operaciones tienen como blanco principalmente haciendas en regiones aisladas, principalmente en la Amazonía, en donde los productores retienen a grupos que son obligados a trabajar en condiciones infrahumanas y a vivir en locales sin condiciones adecuadas.
En la mayoría de los casos estas personas tienen que trabajar apenas para pagar la deuda que contraen por el transporte hasta las haciendas y por la precaria alimentación que se les ofrece.
De acuerdo con O Estado de Sao Paulo, el aumento de los cultivos de caña de azúcar para la producción de etanol, el combustible alternativo que Brasil viene promoviendo en todo el mundo, ha agravado el problema del trabajo análogo a la esclavitud en el país.
De los 25.678 trabajadores sometidos a condiciones análogas a la esclavitud desde que Lula asumió la presidencia, un 29,5 por ciento trabajaba en cañaverales.
El número de trabajadores liberado en las plantaciones de caña representaba un 8,45 por ciento del total en 2006 y ese porcentaje saltó al 52,19 por ciento en 2007 y se mantuvo en el 50,89 por ciento en 2008.
Las organizaciones no gubernamentales europeas que más critican la expansión del etanol en Brasil alegan precisamente que el trabajo en los cañaverales es degradante y que muchos hacendados explotan a sus trabajadores.