Brasil no escatimará esfuerzos para conseguir que Río de Janeiro sea sede de los Juegos Olímpicos de 2016, a los que aspira también Madrid, tras el frustrado intento de hacerse con la organización de los de 2012, que logró finalmente Londres.
"Trabajaremos duramente" para convencer al Comité Olímpico Internacional (COI) de que Río es la mejor candidata, indicó hoy el presidente del país, Luiz Inácio Lula da Silva, en la inauguración de la IX Cumbre del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés), que se celebrará hasta el próximo 16 de mayo en Florianópolis.
Además de Río de Janeiro y Madrid, Tokio y Chicago (EEUU) también se disputan la sede de los Olímpicos de 2016, que será anunciada por el COI el 2 de octubre próximo.
Partidario de este tipo de eventos por el impulso que dan al desarrollo de las infraestructuras y del turismo, Lula agregó que, precisamente, la reunión anual de WTTC es la primera que organiza Brasil y recordó que en 2014 el país celebrará la Copa del Mundo de Fútbol.
En su opinión, la confianza internacional en Brasil como un importante destino receptor es el fruto de su apuesta por el sector que se inició con la creación, en 2003, de un Ministerio de Turismo y una política adecuada en la materia, que intenta convencer a los operadores extranjeros de que invertir en este país sudamericano es un buen negocio.
Consciente de que la pobreza no atrae al turismo, Brasil sigue adelante con un plan de infraestructuras, cuyo objetivo principal es facilitar las conexiones aéreas y terrestres, además de recuperar y dar a conocer el patrimonio histórico, cultural y de naturaleza del país.
A su juicio, Brasil tiene un potencial turístico mucho más importante que los países europeos como España o Francia, líderes mundiales del turismo, pero del que no era consciente hasta hace pocos años, lo que, no obstante, ha cambiando radicalmente y le hace aspirar en convertirse en uno de los principales destinos receptores del mundo.
Para que sea así, Brasil invierte cada vez más en nuevas infraestructuras y ha mantenido su ritmo de crecimiento -e incluso lo ha intensificado- con la crisis, cuyo peor momento, según Lula, ya ha pasado y, desde marzo, el país ha entrado en vías de recuperación.
No obstante, reconoció que el problema fundamental del turismo brasileño es la falta de conexiones aéreas, sector en el que el Gobierno trabaja intensamente y ha conseguido el pasado año, entre otros, un acuerdo con Estados Unidos, para aumentar de 105 a 154 el número de vuelos entre ambos países.
También destacó la construcción de la futura red de alta velocidad ferroviaria que unirá los principales aeropuertos de las ciudades de Río de Janeiro, Sao Paulo y la vecina Campinas, con una inversión de 15.000 millones de dólares.
El empuje y la fortaleza del turismo brasileño se ven reflejados en los datos aportados por el ministro de Turismo, Luiz Barretto, según quien, pese a la crisis y la caída de la demanda que afronta el turismo mundial, Brasil ha logrado este año crecer un 20% respecto al mismo período de 2008 en prácticamente todos los segmentos turísticos, desde hoteles hasta aerolíneas y agencias de viajes.