El costarricense Nery Brenes, campeón centroamericano y del Caribe en 400 metros, no pretende subir de dos en dos los escalones que conducen al éxito porque su estrategia consiste en apostar sólo al día de hoy.
"No me importan ahora los Mundiales de Atletismo del año próximo ni los Juegos Panamericanos de Guadalajara porque falta mucho para eso, me interesa el presente y quiero competir este año contra los mejores en la Liga de Diamante y bajar mi tiempo personal", asegura el competidor en declaraciones a Efe.
Originario de Limón, a unos 185 kilómetros de San José, Brenes reinó en los juegos regionales de Mayagüez con la mejor carrera de su vida, en la que registró 44.84 segundos, la décima marca del mundo en la presente temporada.
El tiempo no está entre los mejores 100 de la historia en la vuelta a la pista, pero no es nada despreciable si se toma en cuenta que con él hubiera entrado cuarto en la pasada final olímpica y conquistado bronce en los Mundiales celebrados en Berlín.
Brenes aborrece sacar ese tipo de cuentas porque le meten ruido a su principal meta: superarse a sí mismo y a corto plazo bajar de 44 segundos, lo cual sólo han conseguido siete estadounidenses encabezados por el plusmarquista mundial Michael Johnson, con 43:18.
"Es una meta muy alta, pero yo no tengo pasta de perdedor, no soy como esa gente de mi país que gana una medalla centroamericana y empina el pecho cuando se baja del avión. Esta medalla de oro en Mayagüez es sólo el inicio de un camino", señala.
Hasta hace poco, Brenes cometía con frecuencia el error de salir muy rápido, lo cual le hacía acumular cansancio y terminar mal; ha resuelto eso, pero aún necesita madurar más para evitar actitudes ingenuas como la de los Juegos de Puerto Rico, en los que comenzó a mirar a las gradas en medio de la carrera y perdió tiempo.
"Me va a tocar regañada por eso y debo aprender de los errores", asevera el velocista.
Tiene una estatura de 1.74 metros y sus piernas no son tan largas como la de la mayoría de sus rivales, pero posee una velocidad natural y su entrenador está seguro de que aún no tocó su techo.
"Puedo dar más, pero me va a costar, los corredores de 400 somos como las mujeres, fuertes para soportar el dolor, y debemos luchar día a día con el ácido láctico que se acumula en los músculos", explica.
Es un hombre alegre que habla de frente y da la imagen de siempre disfrutar lo que hace; será por eso que pocos conocen que en los entrenamientos casi siempre vomita y sufre muchas fatigas, consecuencia del rigor.
"Algunos creen que soy un holgazán porque fuera de la pista mantengo un perfil bajo, pero a la hora de entrenarme soy serio y el día de la competencia me aislo y ni siquiera me gusta hablar con nadie porque me concentro mucho en lo mío", señala.
Es campeón Iberoamericano y ha logrado el primer oro de su país en el atletismo de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, pero todo eso le importa poco porque es pasado y no le sirve para crecer.
"Quiero retar a Jeremy Wariner (el corredor activo de mejor marca en el planeta); ahora que puse mi tiempo entre los mejores, mi representante podrá colocarme en la Liga de Diamante contra los monstruos y una vez allí voy a crecer más", comenta.
Nery pasa tiempo alejado de la familia, soporta dolores y casi no va a fiestas para cuidarse, pero aprendió a asumirlo y hoy parece tener una sola deuda en su vida de corredor.
"Nada es tan duro como levantarse de madrugada, llegar a disfrutarlo es mi (tema) pendiente en el camino hacia una final olímpica", revela.