BUSES**Reporteros de este diario, repartidos por distintas paradas de buses, se tomaron el cuidado de contar durante un lapso las infracciones cometidas por los conductores de diablos rojos. El resultado fue patético, una infracción cada cinco minutos. Si lo multiplicáramos por mil paradas, nos daría ¡12 mil infracciones por hora! Eso es producto de la impunidad.
IRRESPONSABILIDAD**Los buseros saben que, en el peor de los casos, pueden matar a alguien y, si ello ocurriera, a los dos días -con un hábeas corpus- estarán afuera, manejando de nuevo, porque no hay detención preventiva por ese delito, ni se les puede impedir ejercer su oficio. Y si por alguna regata se pasan la luz roja, nada les ocurre, porque nunca hay un policía que los vea.
IMPUNIDAD**Si por rara ocasión les cae una multa, no la pagan y punto. De hecho, muchos acumulan miles de balboas, sin que les afecte para nada su licencia. Y si fuera el caso que colisionaran un auto ajeno por cambiar abruptamente de carril, en una de sus frenéticas carreras, ni siquiera se molestan en ir a la audiencia y si van, es por gusto porque no pagan ni tienen seguro.