Una despedida de Latinoamérica con muy poco sabor latinoamericano
El presidente de EE.UU., George W. Bush, llegó hoy a Lima para una visita de 48 horas con el fin de participar en la cumbre de APEC y que será su despedida de América Latina, aunque con muy poco sabor latinoamericano.
El presidente saliente, que dejará el poder a su sucesor Barack Obama el próximo 20 de enero, tiene previsto entrevistarse tan sólo con un líder latinoamericano durante su visita, el presidente anfitrión, el peruano Alan García.
Según explicó hoy el director del Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca para América Latina, Dan Fisk, "durante la reunión de la APEC los líderes pasarán mucho tiempo juntos y el presidente Bush verá también a sus colegas del resto de los países americanos".
Con García, Bush tratará sobre la relación bilateral, "la más firme que hemos visto en años", según la Casa Blanca, y los esfuerzos para poner en práctica por completo el tratado de libre comercio entre los dos países antes de fin de año.
Ambos mandatarios abordarán también la situación en América Latina, incluida la apertura de mercados en el continente y vías para expandir la democracia en la región.
Será el único momento latinoamericano de la visita de Bush, que por otro lado estará dominada por la respuesta del foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC) a la crisis financiera.
En parte, lo anodino de la despedida latinoamericana de Bush se debe, precisamente, a esta crisis.
La Casa Blanca quiere dar prioridad a hacer frente a los problemas económicos y para ello el presidente prefiere permanecer en Washington y mantener al mínimo imprescindible las alharacas que conllevan sus desplazamientos al exterior.
Antes del estallido de la crisis financiera, la Casa Blanca consideraba añadir otras etapas latinoamericanas al viaje.
Pero no es sólo la situación económica lo que ha restado lustre al adiós de Bush a la región.
También ha contado, por ejemplo, el fracaso de la Casa Blanca en lograr que el Congreso apruebe el tratado de libre comercio suscrito con Colombia. Se da por seguro que, de haber salido adelante, Bush se hubiera detenido en el país andino.
El presidente estadounidense ya tuvo ocasión de ver, durante la cumbre del G20 el sábado pasado, a dos de los líderes con los que guarda una relación más estrecha en la región, el mexicano Felipe Calderón y el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.
Y cabe recordar que los países latinoamericanos no tienen una relación, en general, tan cálida con Washington como puedan ser los del sureste asiático.
En estos momentos, EE.UU., carece de embajadores en Bolivia y Venezuela. Bush, que al llegar al poder en 2001 prometió hacer de América Latina una de sus prioridades, algo que nunca llegó a cumplirse, no se ha reunido aún con líderes como la argentina Cristina Fernández de Kirchner.
Y el antiamericanismo sigue rampante en la región.
Fisk, por contra, pone de relieve la ayuda al desarrollo dentro de la Cuenta del Milenio con varios países de la región, entre otros ejemplos, para asegurar que "este Gobierno no sólo ha mejorado la relación con el hemisferio, sino que ha sentado una base sólida en la que el nuevo presidente puede basarse".
Pero según Charles Freeman, del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS) en Washington, "es difícil para el presidente hacer una vuelta olímpica por la región. No hay mucho de lo que presumir".
"Es difícil, dado dónde nos encontramos en la región, presumir de que nuestra política allí ha sido un éxito", sostuvo Freeman.
En opinión de Steven Schrage, también del CSIS, Bush esperaba hacer de los acuerdos de libre comercio con América Latina uno de sus legados como presidente.
Bush ha firmado acuerdos con Chile, Centroamérica y la República Dominicana y Perú, además de los pendientes de aprobación en el Congreso con Colombia y Panamá.
El presidente fue un arduo defensor del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el proyecto que nunca llegó a despegar para crear un mercado abierto desde Alaska a Tierra del Fuego.
El libre comercio, en especial el acuerdo con Colombia, "es algo que Bush había esperado que formara parte de su legado. Pero debido a obstáculos, es algo que no ha llegado a suceder", según Schrage.
El presidente saliente, que dejará el poder a su sucesor Barack Obama el próximo 20 de enero, tiene previsto entrevistarse tan sólo con un líder latinoamericano durante su visita, el presidente anfitrión, el peruano Alan García.
Según explicó hoy el director del Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca para América Latina, Dan Fisk, "durante la reunión de la APEC los líderes pasarán mucho tiempo juntos y el presidente Bush verá también a sus colegas del resto de los países americanos".
Con García, Bush tratará sobre la relación bilateral, "la más firme que hemos visto en años", según la Casa Blanca, y los esfuerzos para poner en práctica por completo el tratado de libre comercio entre los dos países antes de fin de año.
Ambos mandatarios abordarán también la situación en América Latina, incluida la apertura de mercados en el continente y vías para expandir la democracia en la región.
Será el único momento latinoamericano de la visita de Bush, que por otro lado estará dominada por la respuesta del foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC) a la crisis financiera.
En parte, lo anodino de la despedida latinoamericana de Bush se debe, precisamente, a esta crisis.
La Casa Blanca quiere dar prioridad a hacer frente a los problemas económicos y para ello el presidente prefiere permanecer en Washington y mantener al mínimo imprescindible las alharacas que conllevan sus desplazamientos al exterior.
Antes del estallido de la crisis financiera, la Casa Blanca consideraba añadir otras etapas latinoamericanas al viaje.
Pero no es sólo la situación económica lo que ha restado lustre al adiós de Bush a la región.
También ha contado, por ejemplo, el fracaso de la Casa Blanca en lograr que el Congreso apruebe el tratado de libre comercio suscrito con Colombia. Se da por seguro que, de haber salido adelante, Bush se hubiera detenido en el país andino.
El presidente estadounidense ya tuvo ocasión de ver, durante la cumbre del G20 el sábado pasado, a dos de los líderes con los que guarda una relación más estrecha en la región, el mexicano Felipe Calderón y el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.
Y cabe recordar que los países latinoamericanos no tienen una relación, en general, tan cálida con Washington como puedan ser los del sureste asiático.
En estos momentos, EE.UU., carece de embajadores en Bolivia y Venezuela. Bush, que al llegar al poder en 2001 prometió hacer de América Latina una de sus prioridades, algo que nunca llegó a cumplirse, no se ha reunido aún con líderes como la argentina Cristina Fernández de Kirchner.
Y el antiamericanismo sigue rampante en la región.
Fisk, por contra, pone de relieve la ayuda al desarrollo dentro de la Cuenta del Milenio con varios países de la región, entre otros ejemplos, para asegurar que "este Gobierno no sólo ha mejorado la relación con el hemisferio, sino que ha sentado una base sólida en la que el nuevo presidente puede basarse".
Pero según Charles Freeman, del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS) en Washington, "es difícil para el presidente hacer una vuelta olímpica por la región. No hay mucho de lo que presumir".
"Es difícil, dado dónde nos encontramos en la región, presumir de que nuestra política allí ha sido un éxito", sostuvo Freeman.
En opinión de Steven Schrage, también del CSIS, Bush esperaba hacer de los acuerdos de libre comercio con América Latina uno de sus legados como presidente.
Bush ha firmado acuerdos con Chile, Centroamérica y la República Dominicana y Perú, además de los pendientes de aprobación en el Congreso con Colombia y Panamá.
El presidente fue un arduo defensor del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el proyecto que nunca llegó a despegar para crear un mercado abierto desde Alaska a Tierra del Fuego.
El libre comercio, en especial el acuerdo con Colombia, "es algo que Bush había esperado que formara parte de su legado. Pero debido a obstáculos, es algo que no ha llegado a suceder", según Schrage.