CAUTELA**No es prudente asegurar, sin tener certezas más allá de la lógica, que el extraño mal que ha matado a por lo menos quince panameños no es contagioso. Es igual que si al escuchar un rugido en la selva, digamos que no hay peligro porque no vemos al león. Tal vez no se haya comido a nadie, por ahora, pero es insensato meterse en la espesura.
ALERTA**Lo juicioso es que las autoridades sanitarias, hasta que se sepa con exactitud el origen de este mal, le hagan un cerco en toda dependencia médica, y en el país. El exceso de cuidados no le hará daño a nadie. Se trata de medidas de seguridad mínimas que todo panameño, dentro y fuera de los hospitales, clínicas y centros de salud, debe asumir para salvaguardar su vida.
TEMOR**No pretendemos provocar miedo; eso lo logra por sí misma la incertidumbre, que a la larga paraliza. El objetivo es orientar a la población, a la que le pedimos confianza en los expertos, y rigor en el cumplimiento de las ordenanzas. A las autoridades las exhortamos para que despejen pronto las dudas, de manera que se conjure el pánico, a la postre más dañino que este letal flagelo que tiene a un país entero en ascuas.