No acallado el regocijo que le causó el desplome del comunismo, el papa Juan Pablo II se apresuró a advertir que la libertad no exime de responsabilidades.
Después de predicar durante años contra las tentaciones del hedonismo en las sociedades de consumo de occidente, el pontífice se lamentó de que muchos europeos orientales al recobrar su libertad incluyendo sus compatriotas polacos se sintieran atraídos inmediatamente a ese mismo modelo condenable.
El Papa solía objetar que los católicos en occidente desafiaran las enseñanzas de su Iglesia con una actitud selectiva, escogiendo qué principios debían seguir de su religión... y cuáles no.
Al comienzo de su papado, Juan Pablo se decepcionó cuando los italianos desoyeron sus exhortaciones y frustraron los intentos de la Iglesia por oponerse a la ley del aborto.
Durante una visita a Polonia en 1997 se preguntó por el futuro de una sociedad que "mata a sus propios niños"".
"Créanme, para mí no fue fácil decir eso, pensando especialmente en mi propio país"", acotó.
Otra de sus desilusiones ocurrió avanzado su pontificado: el escándalo de abusos sexuales que estremeció la Iglesia en Estados Unidos.
Juan Pablo tomó la medida extraordinaria de convocar a los cardenales estadounidenses al Vaticano en el 2002 y les advirtió en términos inequívocos que "en el sacerdocio y la vida religiosa no hay cabida para quienes lastiman a los niños".
Luego ofreció a las víctimas su "profundo sentido de solidaridad y pesar".
"Yo nunca hablé con esas personas, pasaba a su lado y les dejaba el sobre. Eran livianos, como mensajes, con la excepción de una ocasión en la que llevé a Cracovia un paquete".
La adolescente llevó sobres a distintos puntos de Varsovia y, en varias ocasiones, al propio Karol Wojtyla en Cracovia.
Para no despertar sospechas entre los nazis "Anna" mostraba siempre una cruz en el pecho.
El alzamiento polaco fue aplastado, los nazis destruyeron Varsovia y ordenaron a toda la población polaca evacuar la ciudad, por lo que el Convento de Santa Ursula se desplazó a Zakopane, a siete horas de tren.
En 1946 la adolescente ingresó en la orden como novicia en una ceremonia que presidió el ya sacerdote Karol Wojtyla.
Pero, en 1947 "Anna" desapareció tras reencontrarse con su madre, con la que se desplazó a Palestina Británica, donde contrajo matrimonio y pasó a llamarse Ilana Avrutzky.
"En 1978, refiere, cuando me enteré de su nombramiento como Papa le envié un telegrama, aunque nunca obtuve respuesta".
Pero los caminos de "Anna" y Karol Wojtyla se cruzaron de nuevo en 1987 cuando ella acudió a visitar el convento de Santa Ursula y las hermanas comunicaron después al Papa que habían encontrado a la novicia desaparecida.
Al regresar a casa, Avrutzky se encontró una carta del Vaticano con una foto del Papa, en la que se lee en el reverso una dedicatoria de su puño y letra: "A Anna, hasta el final de mis días te amaré", del Evangelio de San Juan.
A partir de entonces restablecieron el contacto y en 1994 el Pontífice la invitó a una entrevista en la Santa Sede.
"Estuvimos hablando una hora y media, pero no de aquellas actividades, todo eso era absolutamente secundario", concluye "Anna" mientras desgrana las cuentas del rosario que le regaló Karol y con el que "me expresaba que para él seguía siendo aquella novicia que desapareció en 1947".