COMPLOT**Frente a las distintas versiones tejidas en torno al supuesto complot para desprestigiar al contralor Weeden y al jefe de la Policía, Barés, nos llama la atención que ante una información de fuente confiable, de que el Consejo Nacional de Seguridad vigilaba al periodista Tomás Cabal, obtuvimos una reacción del secretario ejecutivo de este organismo, Ramiro Jarvis, negándolo categóricamente.
TRILEMA**En sentido contrario, el contralor general, Alvin Weeden, confirma la fiabilidad de nuestra fuente cuando sostiene que fue el propio Consejo Nacional de Seguridad el que le advirtió del supuesto complot de Cabal y otros para desprestigiarlo. Esta evidente contradicción nos presenta no un dilema, sino un trilema. O miente Jarvis, o miente Weeden, o Jarvis no está al tanto de lo que hacen sus subalternos.
DESASTRE**Cualquiera de las tres opciones es negativa para el país. Si miente Jarvis, el Consejo de Seguridad estaría realizando actividades que él mismo reconoce como impropias e ilegales. Si miente Weeden, estaría involucrando al mismo y a la Contraloría a una tragicomedia de errores inadmisibles para dos entidades que debieran predicar respetabilidad. Y por último, si Jarvis no controla a sus subalternos, ¿para qué sirve Jarvis?