Colombia comenzó a vivir en un ambiente de carnaval el máximo torneo del fútbol continental que denominó la "Copa de la Paz" y el cual estuvo a punto de perder por razones de seguridad.
Este país de 40 millones de habitantes, rodeado por dos océanos y atravesado por tres cordilleras, será a partir de hoy miércoles de la primera Copa América del siglo XXI en la que participarán Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.
Ecuador y Venezuela serán los equipos que abrirán el torneo de selecciones más antiguo del mundo, hoy miércoles a partir de las 18.30 hora local (2330 GMT) en el estadio Metropolitano de esta caribeña ciudad, conocida como la Puerta de Oro de Colombia.
Después de ese encuentro se realizará una ceremonia que sus organizadores han descrito de "magia y color" en la que más de un centenar de artistas bailarán música autotóctona y batirán banderas para dar un mensaje de paz y mostrar la otra cara de un país conocido mundialmente por la violencia y el narcotráfico.
Al acto de inauguración asistirá el presidente colombiano Andrés Pastrana, quien logró un triunfo diplomático al lograr que la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF) ratificara a este país como sede de la Copa América en las fechas previstas inicialmente.
La CSF retiró la sede de Colombia y después se la devolvió, pero la postergó para el 2002, luego que rebeldes izquierdistas secuestraron al vicepresidente de la Federación Colombiana de Fútbol (FCF), Hernán Mejía, quien fue liberado posteriormente.
La cancelación o la postergación del torneo hubiera significado un fracaso y una humillación para Pastrana, quien ha hecho del logro de la paz su principal gestión de gobierno y quien bautizó el evento como "la Copa de la Paz".
VALVULA DE ESCAPE A LA REALIDAD
Colombia afronta una guerra interna de 37 años -la más prolongada del hemisferio- que enfrenta a rebeldes izquierdistas, paramilitares de ultraderecha y las fuerzas del Estado.
Pastrana busca a través de la negociación política poner fin a la confrontación que sólo en la última década cobró la vida de 40.000 personas, la mayoría civiles, y a prácticas atroces como el secuestro de civiles.
Pero el evento deportivo que tendrá en esta caribeña ciudad la sede del Grupo A, del que además de Ecuador y Chile figuran Colombia y Venezuela, comenzó a ser una válvula de escape para los colombianos agobiados por la violencia, la pobreza y el desempleo.
Los principales noticieros de televisión y las cadenas radiales empezaron a dar más importancia a la Copa América que a las informaciones que a diario ocupan la atención de sus audiencias como la violencia o los escándalos de corrupción.
La falta de seguridad, que estuvo a punto de provocar la cancelación del evento, está a cargo de 20.000 policías de elite y de 3.000 agentes secretos, que apoyados por vehículos blindados y sofisticados sistemas electrónicos, vigilan los desplazamientos de las selecciones, sus hoteles y sitios de entrenamiento.
Cientos de personas se han instalado en medio de los separadores de las principales calles de Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla, para vender banderas, camisetas y recordatorios de la Copa.
Colombia, la selección anfitriona, debutará en el partido de fondo del miércoles frente a Venezuela a partir de las 20.45 hora local (0145 GMT del jueves) y buscará una victoria en su intención de avanzar a la segunda ronda.
"El pueblo colombiano está alegre y entusiasta. Sólo esperamos que suene el pitazo inicial y que ruede el balón para mostrar al mundo que somos más que violencia y narcotráfico", dijo Edgar López, un apasionado hincha de este puerto caribeño por donde llegó a Colombia el fútbol a principios del siglo XX.