CRÍMENES** El nombre de Luis "Papo" Córdoba está ligado a los peores días de la dictadura de Noriega. En sus tiempos de jefe de la zona militar de Chiriquí, fue un personaje siniestro, cuya gélida presencia se asociaba a desapariciones, entierros y asesinatos. "Tenemos al perro rabioso. Espero órdenes". Y del otro lado de la línea - según fuentes de Inteligencia - se escuchó la respuesta del tirano: "¿Qué se hace con un perro rabioso?". A los pocos días, el cadáver de Hugo Spadafora aparecía tirado del lado tico.
JUSTICIA**Aquel fue un obvio intento por inculpar de su asesinato a grupos de exiliados nicaragüenses en el país vecino. La OIJ de Costa Rica se encargó de poner las cosas en su sitio y devolver la responsabilidad a quienes correspondía, es decir a las fuerzas bajo el mando de Córdoba. Con todo y eso, no se le condenó sino por el crimen de Edwin Amaya. Se trataba de un humilde campesino santeño, cuyo único pecado fue encontrarse en mal momento y lugar.
LIBERACION**Fue detenido por un pelotón de Córdoba que lo topó mientras hacían maniobras. Sus parientes lo reclamaron y hasta hablaron con él. Al poco tiempo, era cadáver. Córdoba fue liberado tras purgar 15 años de cárcel. El al menos pagó su deuda con la sociedad, aunque ello no borre el dolor de las víctimas y sus seres queridos. Pero hay, sin embargo, otros que escapan a la justicia y se mantienen impunes, incluyendo a algunos que han abusado del patrimonio público, en democracia.