DEBATE**Puede que no sea comprensible para algunos, pero era totalmente previsible lo decidido por Martín Torrijos y Guillermo Endara respecto a su ausencia de última hora en el último debate presidencial, acordado entre todos los candidatos, previsto para la noche de hoy. Ninguno de los dos tenía nada que ganar y sí mucho que perder a manos de sus adversarios que los siguen a distancia en las encuestas.
ELECTORES**Según ese punto de vista, los cuatro aspirantes ganan. Los dos primeros, salvaguardando su ventaja sobre los dos últimos. Y éstos a su vez, aporreando a los ausentes durante lo que quede del frustrado debate. Pierden sólo los electores, quienes no podrán observar por última ocasión a los candidatos, sobre todo los indecisos, que han de sumar unos 100 mil votos, acaso 8%.
INDECISOS**Pero son tan pocos, que nada deciden, con márgenes de diferencia tan amplios como han venido registrándose. Ni siquiera los "independientes" deciden nada; porque ya todos están alineados. La suerte está pues echada. Todo lo que resta es asegurar una elección y escrutinos limpios. El menor intento de trampa haría un daño inimaginable al país, que nos haría retroceder a días muy oscuros.