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0 metros, 0 centímetros

Es hora de reflexión para Irving Saladino. El colonenese lucía en buen estado, pero “fallas técnicas” lo relegaron a quedar automáticamente “fuera”.


El triunfo no se dio, la anhelada medalla de oro se esfumó, jamás llegó. La prueba de salto de longitud no fue la misma ayer, los ángeles de la victoria que nos iluminaron en Osaka 07 y en Beijing 08 jamás llegaron, dándole paso a los demonios de la desilusión. Irving Saladino cedió el trono universal, así de simple y sencillo, en una tarde soleada en la mítica ciudad de Berlín.

Tres faltas, tres pisotones a la tabla y listo: el ídolo colonense, al son de la banderola roja (señal de que algo se hizo mal) caía limpio al vacío, a aquel hoyo del que tendrá que salir para reverdecer los laureles marchitados de una campaña de rabia y para el olvido; la peor desde su ascenso a la élite en el 2005.

 

Y porque este año, el aún campeón olímpico (¡hay que recodarlo!) lo ha perdido, desde el punto de vista atlético, casi todo: la corona mundial, el ‘perfil’ de favorito, el número uno del ranquin.

Saladino, bruscamente, acabó con una tradición: la de la “exitosa primera defensa”, que sí tuvieron otros reyes de la especialidad como Carl Lewis, Mike Powell, Iván Pedroso y el propio Dwigth Phillips, también ganador en París 03 y Helsinki 05.

Se gana y se pierde en la vida. Un gran campeón goza la victoria y saca provecho de la derrota.

 

Irónicamente, Dwight Phillips, quien en Berlín capturó su tercer oro universal, es un paradigma de ello: luego de tres años (2006-2008) en las sombras, golpeado por el desánimo y las lesiones, resucito de forma formidable.

Ver la tabla de resultados, con nuestro pabellón, abajo, en el fondo, provoca una sensación de extraña intranquilidad. Habíamos visto a Saladino perder en siete ocasiones anteriores desde el 2005, pero no marcar ni siquiera un centímetro ¡jamás! Eso no estaba en el guión: ¡0 metros, 0 centímetro!

De los 12 competidores, el istmeño fue el único que no tuvo registro e irse al último lugar se tornó inevitable. Se puede decir que el de ayer fue el más estrepitoso revés de todos.

 

En sí, el evento de salto largo defraudó. El tan esperado brinco que enloqueciera a la multitud nunca tuvo lugar. Los 8,95, el récord del mundo de Powell, continúan allí, intactos.

El futuro.
Y aunque hoy la gloria no es esquiva, aún queda luz en el horizonte. El atleta criollo dice no estar acabado y tiene razón. Aún en el camino quedan los mundiales bajo techo del 2010 y al aire libre del 2011, además de los Juegos Olímpicos del 2012.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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