San valentín llegó. Aquella época donde el amor renace en las almas de los nobles.
El deporte genera pasión, alegría, amistad, sentimientos buenos. Las personas que leen, escuchan y ven deporte lo hacen para entretenerse y divertirse.
Acudir a un estadio es presenciar un espectáculo. Leer deporte es alegrarse. Las noticias tristes existen, pero no son la tónica diaria del deporte.
Algunos aman la maldad. Eso aquí no va. El deporte es la crónica alegre, es felicidad.
Ese gran fotógrafo, Aristides Herrera Bravo, en mis primeras coberturas, me decía: no tomo fotos a niños llorando cuando pierden, eso es una maldad.
Tiene razón. Es cierto que la derrota también es noticia, que los titulares son exigentes y que hay que criticar.
El deporte también es polémica, disputa y, hace rato, negocio. Pero no todo el tiempo.
A los fanáticos les digo que es imposible estar criticando todos los días. El deporte tiene que ser feliz.
Un niño patea un balón y sonríe. Otro toma un bate y sueña con ser Grandes Ligas. Otro se enamora de un club y ríe y llora con él.
Es bueno criticar y ser exigente, pero los atletas tienen corazón.
Disfruten del amor y la amistad. El deporte es una fiesta que encaja muy bien en un día como hoy, aunque muchos vean morbo.
Hoy me siento de buen humor. Aquí hay alegría, amistad y felicidad. Pensar lo contrario es tener la mente de un dedal.