Según los estándares aceptables, un niño de segundo grado debe leer entre 60 y 84 palabras por minuto.
El encantador momento de leerle cuentos a los hijos y a las hijas debe resurgir, porque está demostrado que el hábito de leer se adquiere en mayor medida en el ambiente familiar .
Y con la lectura se va desarrollando la destreza de la comprensión, por lo que es vital que los adultos acompañen a los más pequeñitos en esta aventura.
Por muy cansado que esté un padre o madre, sólo bastan 15 minutos diarios para que vaya abonando un campo fértil en la vida de sus hijos.
Enseñar a leer puede ser una tarea de los maestros porque tienen las técnicas y metodología, pero la práctica es responsabilidad también de los que cuidan al niño o la niña en el hogar.
Todo ese aprendizaje les permite desarrollar otras habilidades para el aprendizaje.
Si se conoce el parámetro de la habilidad lectora (cantidad de palabras por minuto), el tiempo mínimo (15 minutos diarios en casa) y que hay que acompañar los en esta actividad, sólo queda ponerlo en práctica en cada hogar, sin excusas.
Los adultos muchas veces somos egoístas y encontramos mil excusas para evitar cumplir con está sencilla pero profunda y enriquecedoras tarea.
¡Ah!, pero somos ligeros en pedirle resultados a los hijos.
No hay que ser expertos, no hay que complicarse... hay que comenzar.
Comenzar con esta tarea es hoy es más urgente que nunca, pues a edades cada vez más tempranas, se va desarrollando un vínculo que parece indisoluble, entre la niñez y los dispositivos electrónicos, lo que los aleja de los libros .
Cada centro educativo debería hacer anualmente un estudio que le permita medir la capacidad lectora de sus alumnos, llevar los registros históricos y hacer las comparaciones.
Esto permitirá tomar decisiones sustentadas en información confiable y establecer programas creativos para ayudar en una materia tan necesaria.