CADA uno cumplió con su misión. Los pesistas Carlos Chávez e Idelfonso Lee y "El Canguro" Irving Saladino tienen algo en común: los tres, en sus respectivas épocas, lograron henchirle el pecho de orgullo al pueblo, al colgarse las medallas de oro en Juegos Panamericanos, las tres únicas con que cuenta Panamá.
Teniendo la Patria por inspiración, su talento por arma y sus ganas de triunfar por escudo, estos héroes, antes de obtener el oro en sus respectivos Juegos Panamericanos, tuvieron que superar, además de sus rivales, todo tipo de dificultades.
La historia de "los tres mosqueteros istmeños" empezó en marzo de 1955, en ciudad de México, donde se llevó a cabo la II edición de la cita continental. Aquella vez, Chávez (q.e.p.d.), el "Hércules" de Coclé, se quedó con la presea dorada dentro de la división de los 60 kilos.
El primer panameño en subirse a lo más alto del podio en los Panamericanos fue uno de los pesistas más formidables de su tiempo. Destrozó múltiples marcas a nivel regional imponiendo el "terror" a tal punto que, en 1959, durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Caracas, Venezuela, los organizadores no lo querían dejar competir alegando que "estaba muy sobrado, lo que podía desanimar a los demás atletas", reveló Chávez en su última entrevista.
Con un apoyo casi nulo, al coclesano a veces no le quedaba de otra que salir a las calles a recolectar dinero para pagarse el viaje para ir a defender el honor patrio.
Después de 1955, "guerreros" como el luchador Eduardo Campbell (plata en Chicago 1959 y Sao Paulo 1963) y el boxeador Marcial "El Látigo" Gutiérrez (plata en 1963) dejaron en alto el nombre de Panamá, pero en 1971, en Cali, Colombia, otro hombre dedicado a la halterofilia, Idelfonso Lee, se alzaría contra los grandes favoritos y lograría la segunda presea dorada para Panamá en los Panamericanos, también dentro de los 60 kilos.
"Bueno, quiero decirte que el ver ondear la Bandera y escuchar el Himno Nacional en otro país no se puede medir ni en dinero, ni en palabras. Ese es un sentimiento muy especial. Es una sensación indescriptible, que para sentirla hay que vivirla", manifestó ayer un emocionado Lee.
"Me siento regocijado porque otro panameño ha emulado la actuación mía y de Chávez. Lo de Saladino es una prueba de que con las condiciones adecuadas nuestros atletas pueden dar mucho. Ojalá que su actuación le abra los ojos al Gobierno", añadió el segundo de los "mosqueteros".
Nacido en la ciudad capital, Lee recordó que el apoyo que recibía "era nada". "En los 18 años que representé al país, jamás me patrocinaron un uniforme", dijo.
Cuando Saladino se paró ayer al frente de la fosa de arena del Estadio "Joao Havelange", en Río de Janeiro, aceptó el reto de entrar en la historia.
Tras 36 años de espera, y luego de la incertidumbre que reinó sobre si se permitiría ondear o no el Pabellón Nacional, el colonense sacó a relucir toda esa gallardía que hace grandes a aquéllos que lo dan todo por no defraudar a su pueblo.
Como buen "mosquetero", el "Hijo Meritorio" de Colón hizo frente a la adversidad y la venció, dándole el tercer oro a Panamá en la más trascendente cita del deporte continental.
¡Uno para todos y todos para uno!