La lectura es como una de esas maestras que te alecciona cuando menos te lo esperas y muchas veces te añade un “telodije” con un guiño cariñoso. Son esas lecturas, libros que están ahí, pero uno no entiende por qué no extiende la mano para retomar ese diálogo que siempre genera ideas, percepciones, si no nuevas, diferentes.
Por los tiempos que corren y sin el afán, por sobre todo ocioso, de querer caer en las alucinaciones del clarividente de la isla de Patmos, he repasado el tema de los pecados (a propósito de mi amigo Bertoldo Brecht y Los siete pecados capitales del pequeño burgués).
Adicional, he de compartir algunos nuevecitos, de paquete que la Gran Iglesia ha protocolizado, imagino a la luz del desastre en que se ha convertido para el planeta la presencia de los terrícolas y en virtud de lo actuado con la gran Creación.
Entre los pecados capitales están los clásicos, en orden de intensidad: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia. Cada uno merece castigos pavorosos: desde ser asfixiado en fuego y azufre, a ser colocado en aceite hirviendo. Dejo estos dos que corresponden a lujuria y avaricia respectivamente, porque el resto son castigos igual de escalofriantes y no es mi intención hacer admoniciones. No tengo esa autoridad ni sobre mi propia persona.
Pero, como todas las cosas tienen dos caras, ese ejercicio de haz y envés también funciona con los pecadillos y a la enumeración anterior corresponderían por antonimia la abstinencia, moderación, templanza, voluntad, prudencia, desapego y modestia. Uno elige su manera de vivir. Sobre todo los que ya tenemos mucho pasado y poco futuro.
Ahora bien, no conforme con lo difícil que es vivir sin pecar en este “orbe encanallado” (Kipling), porque somos carne y polvo seremos, y además están los diez mandamientos, el Vaticano ha dispuesto nuevos pecados o mandatos, instrucciones para salvar lo que queda.
Hicieron noticia hace muy poco, y tienen que ver con la criatura humana. Aquí van: No contaminarás el medioambiente, estoy por creer que nadie se salvará; no causarás pobreza, no explica si se trata de pobreza material o espiritual; no provocarás injusticia social, a combatir, pues; no te enriquecerás hasta límites obscenos a expensas del bien común, ¿habrá gente que haga esto? No consumirás drogas. Se fregaron los que pretendían escapar por esa ruta. "Lasciate ogni speranza, voi ch' entrate".