Me complace tener la oportunidad de felicitar nuevamente a la Asamblea Nacional. En ocasión de haber celebrado las jornadas sobre el tema del Canal y sus perspectivas expresé mi opinión, en el sentido de que la labor parlamentaria no debería limitarse a la expedición de leyes, sino también a un trabajo de formación y de conocimiento sobre los problemas nacionales. En este caso, debo aplaudir la iniciativa de nuestro Órgano Legislativo, porque pone sobre el tapete la cuestión de la política exterior. Esto permite que se expongan criterios y puntos de vista y se obtengan positivos resultados. Para nosotros, los que tenemos la responsabilidad de formular y conducir, bajo la dirección del Presidente de la República, la política exterior del país, siempre serán bienvenidos todos los aportes.
De esa manera, examinando con atención las preocupaciones, los comentarios y los análisis de distintos sectores, podremos ir perfeccionando nuestros lineamientos, para beneficio de todo el país.
Desde antes de asumir la Dirección del Ministerio de Relaciones Exteriores, he tenido como objetivo el de tratar firmemente de establecer una política exterior que sea duradera. En distintas ocasiones, nuestro país, así como ha ocurrido también en otras latitudes, no ha tenido una sola política exterior, sino diferentes "políticas exteriores", según la visión de cada gobierno que se sucede en el ejercicio del poder. Hay quienes han sostenido que esto es inevitable. Se dice que cada grupo de dirigentes y cada partido político, cuando reciben el favor y el respaldo de los ciudadanos mediante el voto, aplica sus propios criterios y no está obligado, en ninguna forma, a seguir los planteamientos del gobierno que le antecedió. Naturalmente, admito que hay algo de eso. Cada cual tiene su propio estilo personal y siempre el ser humano tiene la tendencia a hacer énfasis en las materias y los temas que considera que son prioritarios.
Creo, sin embargo, que es posible establecer lineamientos de política exterior que perduren, que vayan más allá de los períodos presidenciales y que fortalezcan la posición de Panam en el ámbito internacional. Si, entre todos, logramos fijar objetivos claros y alcanzables para nuestro país, habremos dado un gran paso, porque se conocerán claramente las posiciones de Panamá, al menos en lo fundamental, y esas posiciones deberán ser tomadas en consideración por la comunidad internacional. Este ejercicio de tratar de delinear una política exterior coherente y duradera lo vamos haciendo en la práctica de todos los días, hasta que finalmente quede consolidada y abra los mejores caminos para ayudar a Panamá.
En primer lugar, la política exterior panameña tiene que ser desarrollista. Esto significa que tiende a concretar nuevas aperturas y oportunidades hacia el exterior del país, con el objeto de otorgarle sentido de realidad a las políticas de desarrollo interno. Esto significa que la política exterior es una fase de la gran política pública. La otra fase es el programa interno de desarrollo. Ambas políticas están ligadas entre sí directamente y se complementan. La función estratégica de la política exterior consiste en abrirle las puertas al desarrollo nacional. Si a lo interno del país tenemos planes y programas en todos los ámbitos, la manera de darle coherencia y permanencia a la política exterior es que esta sirva como ariete, como instrumento, como tractor que va abriendo las trochas en el exterior, a fin de que las gestiones que se realizan tengan un serio impacto a lo interno. Por eso fue que a los embajadores y demás funcionarios del Cuerpo Diplomático de Panamá se les organizó un seminario de varias semanas, que más bien se convirtió en un verdadero curso de nivel universitario, haciéndole énfasis en la necesidad de estar al día en los programas de las distintas entidades e instituciones del estado. Su labor en el exterior es primordialmente para apoyar y darle sustento a esos programas.
Esta sola circunstancia significa un verdadero cambio de fondo en la política exterior. Durante todo el Siglo XX , los esfuerzos de nuestra diplomacia estuvieron dirigidos a llamar la atención sobre los reclamos de Panamá en relación con la situación canalera, por virtud de la existencia del tratado Hay-Bunau Varilla de 1903. Esa era, con toda razón, la preocupación fundamental. Se trataba de una seria causa de conflicto y había que superarla para pasar a otra etapa de la vida nacional, ya con control absoluto de nuestros propios recursos. Luego vino la etapa de transición, hasta que finalmente, se cumplen en toda su extensión los tratados Torrijos-Carter y Panamá asume nuevos retos y responsabilidades.
Lo lógico es preguntarse: qué viene ahora? Pues, a nuestro juicio, lo que viene ahora es pensar en que Panamá tiene el derecho a mejores condiciones de vida, a la utilización de su posición geográfica envidiable para obtener el mayor provecho posible, para poner en tensión todos sus instrumentos de trabajo, para formar sus recursos humanos tan valiosos y colocarlos en el plano de tener acceso a los mejores empleos. En fin, Panamá tiene el derecho de pasar del tercer mundo al primer mundo, y lo digo no solamente con optimismo, sino también con plena convicción. Esta gran meta nacional requiere de un trabajo persistente, de una visión de futuro y de saber a dónde hay que ir y cómo diversificar nuestros vínculos externos, para que se refleje en lo interno. Lo que quiero señalar es que el impulso social en materia de educación, de salud, de vivienda, de transporte público, seguridad jurídica, transparencia y lucha contra la corrupción necesita una política exterior que facilite la ampliación del acceso de Panamá a los mercados externos que le puedan generar mayor beneficio a nuestro país. Esto significa que es necesario, más que necesario yo diría imprescindible, consolidar y, sobre todo, ampliar las posibilidades de los productos panameños en el exterior para que se abra el panorama de nuestros productores. Además, para que Panamá sea suficientemente atractiva como para que, desde nuestro territorio, la inversión que se pueda captar afuera tenga también acceso a esos mercados, los cuales cada día son mayores debido al fenómeno de la globalización de la economía.
Esta es la intención que le da sustento a la difícil negociación sobre el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Los esfuerzos por concretarlo se fundan en la perspectiva de tener acceso a un mercado que supera los 253 millones de consumidores. Este tratado es posible, aunque todavía debe afinar los contenidos del consenso, tomando en consideración las realidades de cada país. Sin embargo, quizás más importante aun es que el tratado no es un elemento aislado. Por el contrario, constituye una expresión de la relación estrecha y moderna entre Panamá y los Estados Unidos. Se trata de un vínculo que se basa, no en la persistencia de conflictos o dificultades entre los dos países, sino en el aprovechamiento de las oportunidades para beneficio mutuo. Es una nueva etapa, que debe verse bajo el prisma del optimismo, el respeto recíproco y la amistad.
Las iniciativas, sin embargo, no se han detenido allí. La nueva dinámica de la política exterior desarrollista que aspiramos a institucionalizar nos llevó a adherirnos al Grupo de los Tres (G3) integrado por Colombia, México y Venezuela, que, junto a Panamá, habían formado el Grupo de Contadora. El G3, que ahora es G4, plantea la posibilidad real de que, de concretarse un acuerdo de integración económica, nos permite formar parte de un sistema con casi 170 millones de habitantes que reconocen en Panam un territorio ideal para interconexiones de servicios en los que Panamá puede ofrecer gran experiencia.
Por otra parte, Panamá ha dado pasos significativos para superar el viejo prejuicio que consiste en considerarnos un "paraíso fiscal", habiendo demostrado que Panamá tiene un sólido y serio sistema tributario, que es perfectamente compatible con las facilidades que brinda el sistema para la realización de operaciones legítimas en el campo financiero, con el rigor que imponen las normas sobre vigilancia y seguridad. Con México ya logramos superar las dificultades. Hemos avanzado reuniones en ese mismo sentido con Chile, así que avanzamos en esta nueva etapa, aclarando lo que hay que aclarar para que no se perjudique nuestra economía. Al mismo tiempo, consolidamos nuestra posición como parte del Sistema de Integración de Centroamérica (SICA) y el Plan Puebla-Panamá. Esta decisión demuestra que nosotros miramos a todas partes y valoramos con sumo interés nuestra vinculación a distintos foros regionales, sin limitarnos a uno solo y sin desechar ninguno. Esta concepción abarcadora forma parte de la política exterior, que constituye un instrumento real y concreto para que Panamá pueda aprovechar todas las oportunidades. Este es el mismo significado de la participación de Panamá en los trabajos del MERCOSUR, que apuntan hacia el fortalecimiento de la presencia panameña en nuevos organismos de integración, lo cual, desde luego, incluye el vínculo con la Unión Europea, lo que nos abre espacios para la cooperación internacional desde esa experiencia de integración que ha alcanzado tantos éxitos desde su fundación.
Naturalmente, la proyección de la política exterior panameña en este nuevo período de su historia y después de haber resuelto, por vía de la negociación, con firmeza, pero con inteligencia, el problema más serio de su existencia que se refería a sus funciones soberanas, no puede dedicarse únicamente al factor económico. Su objetivo principal está allí, pero no pueden olvidarse los grandes compromisos que Panamá adquiere en el contexto internacional. Por distintas circunstancias, Panamá no puede darle la espalda ni ser indiferente frente a los grandes procesos y acontecimientos mundiales. Panamá no quiere ni puede ser actor en el desarrollo de acontecimientos que le son ajenos, pero los observa y los analiza, y hasta podría ayudar, como ya lo ha hecho, a la solución de conflictos. La experiencia negociadora de Panamá, y su rol de país de tránsito y de comunicador de regiones, le permiten a nuestro país alcanzar posiciones que no corresponden a su tamaño. Más allá de su pequeñez geográfica, Panamá tiene una presencia que se la da la historia. Haber concertado un tratado con los Estados Unidos para enfrentar la situación del Canal, las instalaciones militares y, sobre todo, la zona del Canal, sin recurrir al enfrentamiento ni a la violencia, le da a Panamá una madurez diplomática que no la tienen otras naciones tan pequeñas como la nuestra. Esa es la razón por la cual, en el seno de la Organización de Estados Americanos, se escogió a Panamá para presidir las sesiones en las que se decidió el escogimiento del nuevo Secretario General de la organización. En la Asamblea General de la OEA en Fort Lauderdale, Florida, Panamá fue escogida para presidir las sesiones de la Comisión General, que es el mecanismo de trabajo que se utiliza para encontrar consensos de las distintas posiciones en las discusiones de todos los temas de la Asamblea. En Naciones Unidas, donde son mucho más numerosos los miembros del organismo, Panamá ha sido seleccionada como uno de los países facilitadotes dentro del proceso de negociación de los cambios a la estructura de la organización, que involucra, entre otros factores, las modificaciones que se están sugiriendo al funcionamiento del consejo de seguridad.
Por supuesto, nosotros sabemos perfectamente que todos esos reconocimientos que Panamá está recibiendo ahora es también el resultado de una nueva imagen, de una percepción nueva que se tiene de Panamá en el mundo. Me cuesta trabajo decirlo porque se trata de parte de nuestra responsabilidad en Relaciones Exteriores, pero lo cierto es que en todos los contactos que desarrollamos con gobernantes de otros países y con representantes de organismos internacionales, he notado que existe la convicción de que, al lidiar con los dirigentes de Panamá, se está tratando con gente distinta, con personas que tienen una visión optimista del futuro del país, que sabe a dónde va, que es transparente, que no tiene doble moral, que maneja los problemas, que, en consecuencia, es interlocutor de valor a la ahora de ser consultado o de emprender trabajos conjuntos en el campo internacional. Para los gobernantes en el exterior, Panamá está conducida por una generación confiable, y esa posición de respeto y de admiración deberá redundar en beneficio para el país, porque, en la medida en que mejor nos valoren, así podrá ser el impulso para la atracción de inversiones en la lucha contra el desempleo.
El Vicepresidente Lewis Navarro estuvo el domingo y el lunes en Asunción, en la reunión del MERCOSUR, y pudo verificar esa nueva situación de simpatía que Panamá va consolidando en las esferas internacionales.
Abrirle las puertas al desarrollo nacional
Nota del Editor: Recientemente, ante la Asamblea de Diputados y en nombre del Primer Vicepresidente y Canciller, Samuel Lewis Navarro, el Vicecanciller, Ricardo J. Durán, habló sobre las "Perspectivas de la Política Exterior Panameña". Por considerarlo de interés reproducimos una parte de dicho documento.