Con el propósito de llevar a través de la lectura y la educación, libros a los distintos centros de detención y cárceles del país, he descubierto otra parte de nuestro país, cómo viven los impedidos de la libertad.
Hay 32 puntos donde habitan 15 mil privados de la libertad y no es desconocido para nadie, la forma en que lo hacen en condiciones más que infrahumanas.
Todo el personal de las instituciones que tienen que ver con esta situación están haciendo su trabajo; el Sistema Penitenciario nos está dando todas las facilidades para poder llevar libros a estos centros y ahora estamos trabajando de la mano con la Unidad de Detención al detenido del Ministerio Público, donde cada uno de los que componen ese equipo, lo hace con un compromiso más allá del salario obtenido y con el convencimiento de que con su presencia y apoyo, pueden ayudar a palear los días que cada uno de ellos cuenta para salir a la calle.
Pero qué estamos haciendo para que estas escuelas del crimen no sigan siendo lo que hasta ahora son. Creo que no toda la responsabilidad es del Gobierno, ni de la Policía.
Esta sociedad se ha "declarado" al margen del problema delincuencial y espera que sea el Estado, el que cuide de la sociedad, como si nosotros y nuestros familiares, los que gozamos de libertades y privilegios, estuviéramos exentos de formar parte de este grupo de seres humanos de los que nadie se acuerda y habitar por 15 años un espacio compartido de 9 metros cuadrados con otras 17 personas.
Por mi trabajo frente a los libros creo que poco estamos haciendo como sociedad civil, poco estamos aportando como ciudadanos, porque el tema está en la prevención y pregunto: ¿Estamos previniendo el crimen a través de valores, a través de la enseñanza en casa, a través de la formación lectora y de una buena educación que inicia en el hogar?... no lo creo. ¿Les preguntamos acaso a nuestros hijos de dónde sacaron el celular caro que le estamos viendo y que no se lo compramos nosotros? ¡no lo creo! Y lo primero que hacemos cuando cumplen 18 años es comprarles un carro para que el niño vaya a la Universidad, así no sepa conducir bien. Tampoco nos importa de dónde sacó el dinero que le vemos gastar y poco nos involucramos en la escuela y la universidad a fin de ver cómo y con quienes se rodea.
No nos importa saber en qué estado llegó un viernes a las 4.a.m, y tampoco de dónde, por qué y cómo los muchachos son rebeldes y no nos atrevemos a encararlos y bueno, la cárcel está llena de esos muchachos rebeldes , que no atendieron ninguno de los llamados de sus padres, y quisieron vivir su vida, sin saber cómo hacerla desde los 14 años, y ahora a los 18 años están pagando penas de 15 años por narcotráfico.
La pregunta que hago, es: ¿Nos olvidamos de ellos. O intentamos volver a traerlos sanos a la sociedad? Quién tiene el deber de resocializarlos como seres humanos que son?
Como no solamente es denunciar, sino aportar soluciones, creo que este es un tema de dinero y urge la construcción de centros penitenciarios como tiene que ser, pero sin dilación alguna, esto tiene que ser una prioridad y debe ser revisada con prontitud, tal como se ha acometido proyectos de gran envergadura como lo son la Cinta Costera, carreteras y otros proyectos de vital importancia en los que creo son un acierto del Gobierno, pero, señor Presidente, las cárceles también lo son y no pueden esperar porque el crimen sigue en aumento.
Lo que en este momento podemos realizar, son medidas paliativas que ayuden temporalmente a una mejor convivencia en los centros, como debe ser la mejora de las condiciones de los custodios. Alguien dijo "son otros detenidos del sistema", porque igualmente tienen que comer hasta la misma comida de los reos, el nombramiento urgente de más policías y vigilar que se les otorgue las garantías que están contempladas en la ley 55, que conozcan sus derechos y que las autoridades no se olviden de ellos.
No es posible que la mayoría de los centros estén albergando detenidos ya sentenciados en estaciones de policía, como está sucediendo en la mayoría de los casos y que los custodios de estos centros sean los pocos policías que existen en las zonas, por lo que los internos no gozan de las más mínimas condiciones ni siquiera para poder salir al patio, porque no hay quien los vigile y lo tienen que hacer dos veces por semana, apenas unas horas.
En estas condiciones cualquiera que entre a uno de estos centros como el de Aguadulce ,por un problema de pensión alimenticia, saldrá totalmente agresivo y resentido con la sociedad, por lo que invariablemente regresará por otro delito cualquiera, a este o a otro centro penitenciario.
Creo que la enfermedad está en estado de avance, ahora falta la cura, que está en manos del Gobierno. Establecer este problema como prioridad uno, porque el crimen y el delito no lo podemos detener, pero sí podemos darle condiciones decentes para que los que entren no vuelvan a reincidir, tal como lo dicen las estadísticas, que solo el 30% no vuelve a la cárcel y el 70% regresa invariablemente a un penal.
Nosotros como Fundación Leer, hemos adquirido un compromiso de llevar libros y educación a las cárceles, pero no será fácil ver el resultado de este esfuerzo si las condiciones no se dan en los centros y esto no depende de nosotros.