Cuando en un partido faltan piernas, condiciones o fútbol, sale a relucir la garra de los jugadores y del equipo. Esto fue lo que le sobró a la Selección de Panamá el sábado ante Estados Unidos.
Los dirigidos por Julio César Dely Valdés hicieron un primer tiempo brillante. Metieron las que tuvieron y luego aguantaron, de gran manera, a la ofensiva norteamericana, que nunca se acercó con peligro real al arco defendido por Jaime Penedo.
Pero como era de esperarse, Estados Unidos salió en la segunda mitad con una actitud arrolladora. Iban por debajo en el marcador y, por ende, la obligación de atacar era de ellos.
Fue aquí donde Panamá regaló por completo la pelota. Claro, todo esto como consecuencia de tener en frente a un equipo norteamericano, catalogado como “gigante” en el área de Concacaf.
Panamá se desordenó y dejó de presionar en medio sector. Al minuto 67 cayó el descuento y parecía que la victoria se le escapaba de las manos a los criollos.
Fue entonces cuando salió a relucir la garra y la actitud del equipo. Esa convicción que se extrañó el pasado martes cuando terminamos pidiendo la hora ante una Guadalupe, que jugó, durante gran tramo del partido, con un hombre menos.
Recuerdo pocos, muy pocos partidos, en el que los jugadores hayan mostrado tanta gallardía. Para mí, este es el verdadero triunfo.
Ahora, a poner los pies sobre la tierra y mirar hacia el próximo objetivo: avanzar como prmeros del grupo.