Se me dio la oportunidad de participar en la clase de periodismo de la Universidad de Panamá, como oyente. Tenía clases una vez a la semana, desde las 8 de la mañana hasta a las 10, por dos horas, cada martes.
Sucedió que algunas veces, no asistí a clases, pues tenía que atender mi trabajo. Por consiguiente, el día que sacaba tiempo para ir a clases, iba a la Universidad, lo más temprano posible . Pero, ¡Qué cosas ocurren! Me encontraba con la escena, de vez en cuando, que no se encontraba nadie en el salón de clases. Un día llegué al edificio corriendo y sudado y pregunté a los estudiantes que estaban en los alrededores.
“El profesor no ha llegado. Por eso, me imagino, que ya no hay clases hoy", me dijo uno. Esto quiere decir que hoy es "día libre".
No hay situación que me desanime tanto como eso. El sol del país tropical quema, está ardientemente aún a las 8 de la mañana. Me detuve de repente, estaba bañado en sudor. ¡Animo, ánimo! Solía decirme, me secaba el sudor de la frente.
En la época de mi curso universitario (Universidad de Waseda), en Japón, en contados días, no hubo clases. Para ser franco, me sentía relajado; especialmente cuando no había podido hacer la tarea, pues me sentía como si me hubiera liberado e iba a la cafetería, para charlar con mis amigos.
Lo usual es que el profesor nos informara directamente y con antelación que no habría clases tal día, o escribiera una nota en el tablero, para anunciar el día libre.
Me parece que en Panamá es mayor la cantidad de días en que no hay clases, que los que hay. Lo peor es que nos dábamos cuenta cuando llegábamos al salón.
Un día X de junio, estacioné mi carro, entré corriendo al salón, como era usual. Noté silencio y soledad en todas las aulas. Los estudiantes estaban charlando y escuchando una música estridente, en un equipo de música, mientras se formaban en círculo sobre el césped del campus. Desconocía que no habría clases ese día, por lo tanto, pregunté a una estudiante que estaba charlando con sus compañeras mientras masticaba chicle, con los libros bajo del brazo.
“¡Qué cosa! ¿No sabía usted nada? Hoy es día libre. La Reina que se eligió ayer proclamó esto".
Se llevó a cabo ayer un concurso de "Miss facultad de literatura", la fiesta para dar la bienvenida a los estudiantes de primer ingreso a la Universidad. Dicen que la estudiante elegida como reina proclamó el "Día libre”.
!Qué barbaridad! Es increíble que perdiéramos clases por el decreto de una reina, simplemente estudiante".
Yo me lamentaba por la pérdida de tiempo, a la vez que me daba cuenta que todavía no me había convertido en un auténtico latinoamericano.
Incluso los profesores admiten esto como un evento tradicional e importante.
Recientemente visité la Universidad otra vez, y recordé el campus universitario. Me pareció que la forma de ser los estudiantes ha cambiado un poco. La vida es larga. ¿Por qué tenemos que vivir apurados? Esta forma de pensar se aplica a la vida de la Universidad.
Estamos viviendo para gozar de la vida, especialmente en la época de la juventud. A menos que acepte esta teoría en su vida, puede llevar el cargo de conciencia por despilfarrar el tiempo.
A propósito, lo bueno de la Universidad de Panamá es el hecho de que sus puertas están abiertas a todos los ciudadanos. Los graduados de bachillerato, los trabajadores, los taxistas, las amas de casa; quien quiere, puede ingresar.
El examen de admisión no es tan difícil como el caso de Japón, en donde los aspirantes son tres o cinco veces más, que el número de aspirantes que en Panamá. Por consiguiente, en Panamá, son prácticamente desconocidas palabras como "Estudio especial para examen", "Preparación especial para examen" o "Suspendidos y prepararse para un nuevo examen de ingreso en la universidad".
Ahora, en cuanto a "graduación", sin embargo, la situación va a ser diferente.
Pues, aunque haya ingresado en la Universidad sin presentar un examen, algunos no pueden terminar sus estudios, debido a la falta de preparación o al cambio de ambiente. Así algunos no pueden graduarse finalmente.
La edad de los estudiantes varía, desde 18 años hasta 50.
Hay estudiantes que tienen más edad que los profesores y yo, era uno de ellos.
Hay una estatua en el campus de la Universidad de Panamá, que representa a un ciego con el título: "Hacia la Luz".
Creo que esto indica una postura de un estudiante que persigue la sabiduría.
Pido desde lo más profundo de mi corazón, que rebasen la luz de la sabiduría y se formen muchos valores en la Universidad de Panamá y se formen buenos ciudadanos para la paz mundial.