Nuestra sociedad
Vivimos en una sociedad hipócrita. Hablamos de paz, pero recurrimos a argumentos huecos e inmorales para justificar un asesinato, un atraco o cualquier barbaridad. Ninguna persona que se diga de paz puede alegrarse por la muerte de sus semejantes.
La justificación.
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Decir que el jugador chorrillero Javier De La Rosa (q.e.p.d.) “la debía” para justificar y, hasta cierto punto, bendecir su asesinato, perpetrado la noche del viernes pasado en el Colegio Artes y Oficios, es darle un espaldarazo a la barbarie y a la brutalidad. Es ensalzar la violencia, glorificarla... Es caer en la apología del delito.
Seguridad
El asesinato, premeditado y alevoso, de “Javi” De La Rosa terminó de dejar en evidencia la irresponsabilidad de los estamentos de seguridad, de los clubes y los directivos de la Liga Panameña de Fútbol (LPF) respecto al tema de la falta de seguridad en los estadios. No pueden decir que este hecho los tomó por sorpresa, porque se les venía advirtiendo. Ahí viene el cuco, ahí viene el cuco. Y llegó el cuco. Paz sí; violencia, no.