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Ajustaron premios, ¿y entonces?


A principios de esta semana los administradores del hipódromo de Kentucky Downs anunciaron la reducción del premio del Kentucky Cup Turf que en vez de $300,000 pagará $200,000. Igual se ha hecho con otras carreras como el Kentucky Cup Mile que sufrirá un ajuste de $200,000 a $100,000.
“Nos sobreproyectamos en los premios a pagar hasta el final del año y necesitamos hacer algunos ajustes”, explicó el gerente general del Kentucky Downs, Ryan Driscoll.
La referencia anterior es para ilustrar a la opinión pública en el sentido de que la decisión que, a regañadientes tomaron los representantes de los dueños de caballos no es ajena a la realidad que se vive en otros lares.
“Con dos guerras y una economía inactiva, nuestro negocio de simulcasting ha decrecido en los últimos años... terminamos el año pasado pagando 200 mil dólares más en premios de lo que habíamos proyectado”, siguió explicando Driscoll .
Volviendo a la realidad nacional, debemos anotar que la alternativa de reducir los premios no es una panacea para que los responsables de la actividad se crucen de brazos. Por el contrario, debieran aprovechar este respiro para fortalecerse en algunos puntos en los que evidentemente esta administración anda coja.
Si examinamos el calendario de clásicos, es fácil detectar que no ha sido efectiva la labor en cuanto a contratar y lograr patrocinio para muchos eventos, que al sol de hoy, todavía no tienen nombre. Y no tienen nombre sencillamente porque no tienen quién los auspicie.
Hay que reconocer que hay una diferencia abismal entre la cantidad de premios, copas y clásicos patrocinados que hubo durante la administración anterior con relación a la nulidad que, en esa materia, se ha visto con el imponente y pomposo departamento de mercadeo que ahora tiene hasta una sala propia.
Pareciera que hay un enredo entre lo que constituye la esencia de un sitio de apuestas, como lo es el hipódromo, y un restaurante.
Ahora se rinde culto a los bufetes mientras que a los apostadores se les tiene desprovistos de suficientes hojas de aprontes; la celebración de handicaps son tan comunes como pastelitos en recreo de escuela primaria, en tanto que la exaltación de los caballos que nos pueden representar internacionalmente pareciera asunto de otro mundo.
Que no nos digan que el concepto del hipódromo ha cambiado, porque no es así. Cierto es que en otras latitudes los espectáculos artísticos, las exhibiciones gastronómicas y otras actividades conexas se dan en los predios del hipódromo, pero sin interferir con la hípica pura.
En otras palabras, malgastar energías en actividades que producen monedas, cuando se pueden concentrar las fuerzas en la cuestión meramente hípica (carreras -apuestas) que producen dólares, es un yerro.
Es sensata la decisión de ajustar los premios del calendario de clásicos, pero ahora también es legítimamente justo que se incrementen las acciones dirigidas a mantener a los hípicos interesados en las apuestas. Hay que ir a la calle a vender. Para bailar y comer se va otro lado...!


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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