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“Al” Brown, un gallo que cantó por Panamá

Su impresionante récord y trayectoria son un orgullo para Panamá.


El 18 de junio de 1929 las letras del nombre de Alfonso “Panamá Al Brown” y su pequeño país le dieron la vuelta al orbe. Este púgil colonense se convertía en esa fecha en el primer campeón mundial gallo (118 libras) de Panamá y Latinoamerica.
La ciudad de Long Island fue el escenario de su inmortal proeza que la logró al imponerse en 15 azarosos asaltos ante el español Vidal Gregorio. Fue un momento feliz y a la par el registro de un glorioso capítulo de la historia deportiva panameña.
Panamá Al Brown, apodo con el que le bautizarían en el mundo del boxeo internacional, representa una de las figuras cumbres del deporte panameño que sobresalen en la joven historia panameña de sus cien años de vida republicana.
Las jóvenes generaciones conocen poco o nada de este espectacular púgil de Colón, quie puso el nombre de Panamá en las mejores carteleras de este difícil deporte. Su impresionante récord y cantidad de victorias y por si fuera poco ser el primer panameño y latino en colocarse una corona de campeón mundial, son un motivo de orgullo de las grandes glorias deportivas que ha producido esta nación.
Todo ello le mereció que fuese el primer panameño en ingresar al Salón de la Fama del Boxeo Internacional.

Durante su exitosa trayectoria pugilística, Alfonso Brown subió al cuadrilátero para medirse a enconados rivales, de los cuales dio cuenta en la mayor cantidad de veces. Sólo en una oportunidad besó la lona en las 152 peleas que hizo.
Nacido el 5 de julio de 1902, Alfonso Teófilo Brown, su nombre verdadero, fue un excelente boxeador que llegó a tener un pleno dominio en la categoría gallo (118 libras). No tenía mayores dificultades para hacer el peso a pesar de su estatura, 5 pies 11 pulgadas.
Recorrió muchas ciudades y lugares del mundo en los que protagonizó 152 refriegas, sobre todo en Europa. Su historial registra 57 pleitos resueltos a punto de anestesia, otras 62 por decisión, una por foul, 11 empates, 16 derrotas por decisión, dos por foul. El único nocaut que recibió fue a manos del norteamericano Harry Jefra, en Nueva York, el 29 de abril de 1939.
Su vida era el boxeo. Representa a aquellos deportistas que se entregan con alma, vida y corazón a su oficio.
Si tirar golpes era su más grande pasión, también disfrutaba plenamente de otros entrenamientos. La hípica era uno de ellos. Parte de la fortuna que acumuló con la fuerza letal de sus puños, la destinó para adquirir una cuadra de caballos de carrera en París. Lamentablemente perdió todos los equinos luego que los alemanas invadieran Francia durante la Segunda Guerra Mundial

Adoptó el vistoso y patriótico nombre de “Panamá Al Brown”. Un nombre que ha quedado para la historia como uno de los más grandes en la significativa lista de campeones que surgieron en la primera centuria republicana panameña.
La memoria del consagrado púgil ha sido honrada al nombrar al principal coliseo boxístico colonense como Arena “Panamá Al Brown”. Se le recuerda por su disciplina en los entrenamientos y el amor por el deporte que practicó desde 1919 hasta 1942.
Se retiró con un triunfo frente al panameño Kid Fortune, por puntos, el 4 de diciembre de ese año en el Gimnasio “Neco de la Guardia”.
En 1929 dio al país que lo vio crecer el primer campeonato en su historia, en la categoría gallo, cuando venció al español Vidal Gregorio, en Nueva York, por decisión en 15 asaltos.
Por paradojas de la vida fue otro español, Baltazar Sangchilli, el que lo despojó de su reinado un 1de junio de 1935. Al Brown vendió cara su derrota y el combate se extendió al límite de los 15 asaltos en la ciudad de Nueva York.
En 1939 abandonó su incursión en el boxeo norteamericano y desde 1941 hasta 1942 realizó siete pleitos en Panamá.

 
Colgado los guantes, siguió unido al deporte que tanto amaba al convertirse en entrenador. Tuvo como pupilos, entre otro al recio pegador Simón Vergara.
El eco de los cascos de los caballos sobre la pista nunca lo abandonó. Atendiendo su llamado cruzó el Atlántico rumbo a París, Francia. Para comprar la cuadra que después perdería por efecto del conflicto bélico mundial. Esta inversión prácticamente le dejó sin dinero. Sin fortuna, ni como conseguirla, debió retornar a su tierra materna tras una prolongada ausencia.
Después de dedicarse por varios años al boxeo en Panamá, Al Brown hizo maletas para salir rumbo a la “Ciudad que nunca duerme”, Nueva York donde luego enfermaría para caer en el sueño eterno en un hospital el 11 de abril de 1955.
De su muerte se cuenta una triste anécdota. Se dice que para enterrarlo sus amigos y allegados transportaron su cadaver de bar en bar, recolectando dinero para costear el funeral.

Los despojos del inmortal gladiador panameño fueron enterrados en esa legendaria ciudad.
Pero, los restos de esta gloria del boxeo y deporte panameño regresaron a la patria que lo vio nacer. De ello se encargó la Comisión de Boxeo Profesional, en especial, por las gestiones de Alejandro “Tito” Abood, quien por varios años fungió como Alto Comisionado de Boxeo.
El traslado se logró y hoy los despojos mortales del primer campeón gallo latino y de Panamá reposan en el Cementerio Manuel Amador Guerrero. La Comisión de Boxeo Profesional, Abood y la comunidad nacional hicieron posible que se consiguieran los fondos necesarios para construir la tumba donde hoy reposa este “titán” de los puños.
Panamá Al Brown constituye un ejemplo y un claro espejo donde deben reflejarse todos los que se dediquen al duro deporte de los puños.
Fue un verdadero gallo y no sólo por la categoría en la que siempre peleó, sino por su tenacidad y constancia en este duro deporte en el que pocos tienen cabida.


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137568
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América