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Al maestro, con cariño


Los que nada tienen que perder también tienen algo que perder. Hoy día, las razones y los argumentos que mueven el cuerpo social tienen dos rostros, dos pares de mejillas para la hora de recibir las bofetadas. El que a hierro mata, a ha de morir, o sea, abofetear al otro es abofetearse a sí mismo.

Un maestro debe ser un ser humano extraordinario, aunque la realidad educativa diga lo contrario. Un ministro de educación, entonces, debe ser un fenómeno. Eso desafortunadamente no ocurre.

Me lastiman las diatribas y los dime que te diré y los trepa que sube, acompañados de palo, puño y bófeta, -de parte y parte- de los que se sirven los medios para hacer sus notas. Es vergonzoso, hasta el dolor, ver a esos “seres extraordinarios” exhibidos como focas. Si en la calle no se respeta a los docentes, ¿qué puedo esperar en mi escuela?

 

No se puede, no es permisible, estar descalificando al maestro, así como no es admisible el ataque bochornoso a las autoridades educativas. Este país no se merece este flagelo, aunque ocurre hace más de 40 años.

El hecho de que exista una veintena de asociaciones de docentes es síntoma de descomposición del gremio. Esto merma la credibilidad del sector, banaliza sus aspiraciones. Los padres de familia, estudiantes, llamados a ser sus aliados, satanizan el movimiento, precisamente, porque de manera directa (y a veces manipulados por el ministerio) ven afectado el tiempo-aula que pierden los hijos.

Tuve maestros de vocación y los recuerdo con cariño. Tengo entrañables amigos en las filas de los que marchan, que son orgullo para el sistema, si se les tomara en cuenta. Ellos saben que es importante la calidad de la enseñanza, así como proveer a sus pupilos de las competencias para esa abstracción que es el mañana.

 

El fracaso escolar se lo endilgan al maestro, a los paros, a las huelgas… Influirá pero ¿determina? Y la responsabilidad de los padres, y el rol de las autoridades ¿dónde?

Ciertos medios y programas de “opinión” se han ensañado, y de manera infame, con el magisterio, personalizando, y/o politizando, de manera abyecta, las reivindicaciones del gremio.

Creo que se debe respetar de manera integral al maestro, pues en el aula enseña las letras y los números y en las calles pudiera dar lecciones de dignidad y ciudadanía. El ministro va y viene, el maestro se queda.


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701792
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América