El papa Juan Pablo II llegó ayer a esta capital para cumplir una misión pastoral de cuatro días y medio, y que se contempla será su última visita a un país latinoamericano en este siglo.
"En nombre de millones y millones de mexicanos, lo recibimos con el corazón en la mano", declaró el presidente Ernesto Zedillo en un efusivo discurso de bienvenida al Papa.
"Le espera un pueblo que lo quiere, lo respeta y lo admira por traernos un mensaje de paz", destacó Zedillo.
Juan Pablo II respondió con voz pausada, pero firme, la bienvenida de Zedillo y dijo: "como hace 20 años, llego hoy a México y es para mí causa de inmenso gozo encontrarme de nuevo en esta tierra bendita, donde Santa María de Guadalupe es venerada como Madre querida".
Al leer su mensaje de tres cuartillas, el Papa arrancó los aplausos de los asistentes cuando expresó su admiración por los mexicanos que siempre lo han acogido con ``los brazos abiertos y llenos de esperanza".
"Aun resuenan en mis oídos los saludos con que siempre me acogen. ¡México siempre fiel y presente!".
Tras el discurso un grupo de cuatro niños de etnias diferentes, le entregaron un ramo de flores. El Papa, por su parte, los bendijo y les besó en la frente.
El avión del Papa aterrizó en el aeropuerto internacional Benito Juárez a las 15:07 hora local.
La visita del pontífice a México, un tradicional bastión católico, ocurre justo un año después de su histórica gira a Cuba, la única nación comunista de América.
Las centenares de personas reunidas en la terminal aplaudieron efusivamente mientras el avión se desplazaba lentamente por la pista de aterrizaje.
Grupos de escolares ondeaban banderitas mexicanas de colores rojo, blanco y verde y la del Vaticano, de amarillo y blanco.
"Se siente, se siente, el Papa está presente" y "Juan Pablo II, te quiere todo el mundo", corearon los escolares.
Una escalera fue instala junto a la puerta delantera del avión por donde el Papa bajó lentamente apoyándose por sí mismo de la baranda derecha hasta pisar la alfombra roja donde le esperaban Zedillo y su esposa Nilda Patricia.
Un grupo de mariachis entonó dos canciones populares mexicanos: "Cielito Lindo" y "El Sol de la Negra". Un enorme letrero con la frase "Bienvenido" recibió al Santo Padre en un tarde acompañada por un brillante sol y ligeros vientos.
El Papa y Zedillo se abrazaron y luego caminaron unos metros hasta un estrado, cuyo fondo rojo lucía un escudo mexicano, desde donde escucharon los himnos patrios.
Se trata de la cuarta visita papal a México, donde en 1979 hizo su primer viaje al exterior y al umbral de su pontificado proclamó la frase "México siempre fiel" expresando su predilección por los mexicanos.
El Papa también estuvo aquí en 1990 y 1993 y nunca ocultó su devoción hacia la Virgen de Guadalupe, la santa patrona de los mexicanos. Cerca del 90 por ciento de la población se declara católica.
Para los mexicanos, la visita está enmarcada con un sabor de fervor y nostalgia ante la expectativa de que la gira sería la última de un Papa de 78 años con una frágil salud.
En el preciso momento que la aeronave de Alitalia tocaba suelo mexicano, la campana mayor de la catedral repicaba un toque solemne, acompañada de los repiques de las campanas de todos los templos de la arquidiócesis de México, una de las megalópolis del mundo, de casi 20 millones de habitantes.
En la terminal también había unas 400 personas minusválidas, algunos en silla de ruedas, otros ciegos.
"Vine a ver al Papa. Hay muchas maneras de verlos. Uno lo puede hacer con el alma", declaró Carlos Arreola, un ciego.
Tras los discurso, Juan Pablo II embarcó luego en un denominado "papabús", un autobús especialmente acondicionado para la visita, y atravesó parte de la populosa capital, de nueve millones de habitantes, rumbo a la sede de un céntrico Museo, donde recibió las llaves de la ciudad como su visitante ilustre.
Millones de capitalinos se apostaron a lo largo del trayecto, de 32 kilómetros, para saludar al Papa por calles y avenidas, aceras, edificios, puentes y plazas.
El pontífice oficiará mañana en un autódromo una misa para una asistencia aguardada de un millón de fieles y el lunes congregará a otras 120.000 personas en el estadio Azteca, el principal escenario del país, donde presidirá un encuentro hemisférico generacional.
El martes volará a la ciudad estadounidense de San Luis, en Missouri, donde conversará en privado con el presidente Bill Clinton y pernoctará antes de seguir viaje de retorno al Vaticano.