Perfil
- Nombre: Alice Ann Munro, de nacimiento Alice Ann Laidlaw (Wingham, Ontario, 10 de julio de 1931).
- Premios: Ha ganado tres veces el premio canadiense a la creación literaria, Premio Literario Governor General's. En 1998, ganó el National Book Critics Circle estadounidense por El amor de una mujer generosa. En España fue premiada con el Premio Reino de Redonda en 2005, y en 2011 con el Premio Tormenta por su libro Demasiada felicidad.
Las librerías en Canadá y en buena parte del mundo comenzaron a llenarse de repente, tal como suele ocurrir cada vez que se anuncia al ganador del Nobel de literatura.
Esta vez, uno de los galardones más mediáticos de los premios que otorga la Fundación Nobel fue para la “maestra del relato corto contemporáneo”, Alice Murno, quien es apenas la primera canadiense que logra un Nobel desde 1976 y la décima tercera mujer que lo hace en el nicho separado para las letras.

Y aunque lo que se premia es el caudal intelectual y literario, a Munro -de 82 años- no le hace gracia que de las 107 ocasiones que se ha otorgado el premio, apenas aparezcan los nombres de 13 mujeres.
Casi todo el mundo conocía la noticia sobre su designación, menos la más beneficiada.
No fue hasta que una de sus hijas la despertó para decirle que había logrado el galardón y poco minutos después, un periodista de la televisión pública canadiense, la CBC, consiguió ser una de las pocas personas que se comunicaron con la escritora, cuando se enteró de la buena nueva.
“Maravilloso”, dijo Munro con una evidente felicidad en su voz cuando se le preguntó qué pensaba, señalan los reportes de prensa que también matizaron que “su alegría se transformó en indignación cuando se le comunicó que solo era la decimotercera mujer en recibir el galardón literario.
“Es atroz”, dijo con incredulidad. Y es que sus escritos reflejan con frecuencia las dificultades de jóvenes mujeres en el mundo de hoy, algo que la propia autora reconoce que tiene mucho de autobiográfico.
Munro gana el Nobel en momentos en que los escritores canadienses son más conocidos y leídos, situación muy diferente a la que ella vivió cuando comenzaba su andar por el mundo de la literatura.
El premio que le fue otorgado y que incluye un premio metálico de 1.2 millones de dólares tiene un matiz especial. Es la primera vez que la academia distingue a un escritor o escritora cuya obra, esencial y fundamentalmente, ha transitado por los vericuetos del relato corto y no de la novela, que se estima como un género más exigente.
Considerada una Anton Chejov (escritor ruso considerado máximo exponente del relato corto) por su calidez, profundidad y compasión, Munro ha retratado una gran variedad de vidas y personalidades sin juzgar a sus personajes. A diferencia de la mayoría de los ganadores del Nobel, su trabajo es casi totalmente de relatos y cuentos. “Lives of Girls and Women” (“La vida de las mujeres”) es su única novela.
“Cuando comencé a escribir, había una comunidad muy pequeña de escritores canadienses, y el mundo casi no les ponía atención. Ahora los escritores canadienses son leídos, admirados y respetados en todo el mundo”, dijo Munro en un comunicado emitido por su editorial Alfred A. Knopf. Agregó que espera que el Nobel “fomente más interés en todos los escritores canadienses “y dé un “mayor reconocimiento al relato breve”.
Favoritos y sorpresas
Antes del anuncio de la ganadora se barajaban como favoritos los nombres de algunas figuras consideradas como los “eternos candidatos. Ahí estaban el japonés Haruki Murakami, el italiano Umberto Eco y el checo Milan Kundera, casi todos afectos a la novela.
Pero esta vez la mirada giró hacia el cuento.
“Sabía que estaba entre los candidatos, pero nunca pensé que ganaría”, dijo Alice Munro por teléfono cuando The Canadian Press tomó contacto con ella en Victoria, Columbia Británica.
Munro dijo a la cadena canadiense CBC que estaba “sorprendida y encantada” con la noticia, que supo por una llamada telefónica de su hija en la madrugada.
Munro es reconocida por sus pares, desde Lorrie Moore y George Sauders hasta Margaret Atwood y Jonathan Franzen. También es admirada por los críticos.
El Nobel seguramente pondrá un broche de oro a la carrera de Munro. En junio dijo al National Postde Canadá: “Probablemente no voy a escribir más”. Su más reciente colección, “Dear Life”, se publicó en 2012.
La escritora tiene como uno de sus temas centrales las diferencias entre su juventud en la población conservadora de Wingham, al oeste de Toronto, y su vida después de la revolución social de la década de 1960.
En una entrevista con la APen 2003, calificó los 60 como una época “maravillosa”. “Habiendo nacido en 1931, yo era un poco vieja, pero no demasiado vieja, y después de un par de años las mujeres como yo vestían minifalda y se lucían por ahí”.
Munro tenía gran inclinación literaria en un ambiente poco interesado en la literatura, y ocultaba su ambición como una pasión prohibida.
Recibió una beca para estudiar en la Universidad de Ontario Occidental, donde siguió la especialización de periodismo, y todavía no se había graduado cuando vendió un cuento a la radio CBC en Canadá.
Abandonó la universidad para casarse con un compañero de estudios, James Munro, con quien tuvo tres hijos y se dedicó de lleno a las tareas domésticas. Apenas pasados los treinta se sentía tan deprimida que casi no podía escribir una oración. Todo cambió cuando abrió una librería con su marido en 1963. Con estímulo renovado recuperó su talento narrativo a la vez que se deterioró su matrimonio. Su primer libro de cuentos, “Dance of the Happy Shades” (“Danza de las sombras felices”), de 1968, ganó el premio Governor. Más adelante se casó con Gerald Fremlin, un geógrafo.
Nada mal para una mujer sencilla que alguna vez confesó que la mayor dificultad que ha tenido para escribir no fue compaginar su vida de madre de familia y ama de casa con la labor creativa, sino vencer los prejuicios que en algún momento pretendieron hacer ver que para una mujer, el oficio no era tan decoroso como para los hombres.