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“Amor y aceptación”,una muestra del alma

La protagonista ha hecho de su arte una puerta de escape, una catarsis, pero también un camino de doble vía, un puente, un lazo, un aliado en su cotidiana cruzada por coadyuvar para que los discapacitados sean vistos con ojos nuevos, libres de prejuicios e intolerancia.


Alos que se humillan, Dios los ensalza. Esto es lo que, sin duda, le está sucediendo a Ofelmina Ramírez, la madre de Aydeé Ramírez, la joven pintora de Bucaramanga, Colombia, que pinta con la boca y que está de visita en Panamá.

Aydeé, de 38 años, diagnosticada desde su nacimiento con parálisis cerebral y retardo psicomotor, con su exposición "Amor y aceptación", ha iniciado en Panamá un periplo, gracias a gestiones y acciones de gente de buena voluntad, de la que forman parte la Fundación Pro Integración, que preside el Licdo. José Townshend y Michelle Muschette. Desde el pasado domingo hasta hoy, estará en nuestro país. La próxima capital a visitar es Buenos Aires.

En la muestra de 10 óleos que se inauguró la noche del miércoles 16, en el vestíbulo del Instituto Nacional de Cultura (INAC) ella desnuda su yo interno ante los viandantes que quieren escudriñar dentro de ese cuerpecito de faz sonriente, delgado, que desde una silla de ruedas o en una cama ortopédica reta al mundo y demuestra su tenacidad, que le permitió seguir adelante, derribando murallas, estereotipos, rompiendo paradigmas, hablando de paz y esperanza.

 

Aydeé ha hecho de su arte una puerta de escape, una catarsis, pero también un camino de doble vía, un puente, un lazo, un aliado en su cotidiana cruzada por coadyuvar para que los discapacitados sean vistos con ojos nuevos, libres de prejuicios e intolerancia.

Mensajera del arte, plena de anécdotas y su gran amor por la vida y sus congéneres, ella bien emplea ese don que Dios le regaló. Lo usa, recalcamos, como vehículo para abrirse paso en un mundo que al principio (en la figura de su padre), le cerró los brazos, le fue hostil, injusto e insensible.

Pero, conozcamos un poco más acerca de esa mujer especial que es también la madre de Aydeé, tal como enfatizó la joven.

 

Tenía 20 años. Viéndose sola con su hija discapacitada, habiéndole cerrado a ambas las puertas de su corazón el padre de la niña, un prominente político colombiano, ante Dios y con el dolor de madre a flor de piel le prometió a la pequeña que apretaba contra su pecho como para protegerla de una sociedad que aún estigmatiza: "mijita, usted va a ser más importante que él. Más famosa".

Luego, como quien se sorprende o asusta de su propio atrevimiento, imploró y rezó al Padre Celestial.

"Hablé con él", nos dice.

 

Le dije: "Mi Diosito, porque, uno habla con él y él le contesta, usted sabe. Lo dejo en tus manos y acepto esta niña que tú me has mandado, para quererla y cuidarla con todo mi corazón. Permíteme vivir para esta niña y cumplirle sus sueños".

Ha sido difícil, confiesa la buena mujer, que en la noche de la inauguración de "Amor y aceptación", no cabía en sí del júbilo por la alegría que se reflejaba en el rostro de su hija al ver cumplido ese tan caro anhelo de exponer sus obras fuera de su tierra.

Iba de aquí para allá ya sea tomándole fotografías con todo el que quería posar con ella o con cariño arreglándole una mecha de la galluza que, terca, quería cubrirle un ojo. También dándole de beber, para que refresque la garganta y continúe dialogando con el público que admiraba su obra y le preguntaba sobre sus cuadros o qué tan difícil le ha sido sobrellevar su discapacidad.

 

Hace 7 años que Aydeé se dedica a pintar. Descubrió que eso es lo que le apasiona. Está muy orgullosa con los logros, al igual que su madre.

Mientras la entrevistamos, no dejaban de venir personas a tomarse fotos con ella y a escuchar sus anécdotas y chistes; hasta turistas, quienes estando de visita por el Casco Antiguo supieron de la singular exposición y no quisieron perderse el privilegio de departir con tan admirable mujer, tan segura de sí misma y para quien su discapacidad ha sido más bien una oportunidad de descubrir su fortaleza interior.

Entre ellos estaba Mike Sisirille, quien no cesaba de exaltar el talento de Aydeé y felicitarla por su aplomo y autenticidad. Michelle Muschette hacía de traductora y la abrazaba y le decía a los interlocutores de la artista lo tremenda que ella es, en cuanto a que siempre anda de buen humor y tiene una frase que lo deja a uno sorprendido de su chispa.

Nos confió, entre otras cosas, que le gustan los naranjas, los rojos y los azules. Los azules, explica, que para ella representan el agua y la libertad y los rojos la pasión y el amor.

En cuanto a música, disfruta, y la tenía de fondo esa noche especial, la de los años 80.

Cuando le preguntamos con cuál animal se identifica nos dijo "con la cabra" y al preguntarle la razón, se echó a reír y respondió: "porque es terca como yo".

Le encanta chatear y andar navegando por la web.

Personas que han sido acicate para que vaya tras sus metas no le faltan. La principal, su madre.

Abnegación y amor de madre.
"Eso es una de las cosas que hace especial a mi mamá. Si ella no me exigiera como me ha exigido no lo hubiera logrado", dice Aydeé, con una seguridad que no deja lugar a dudas.

Lo más difícil de la crianza de Aydeé ha sido el factor económico. Pero, no amedrentó a su madre, quien contra viento y marea se embarcó en la tarea de ayudarla a triunfar.

Cursó estudios hasta IV año de primaria, nos contó la buena señora, porque el tratamiento, las clínicas buenas son caras.

Pero, con todo y eso, siguió avante.

"Bregué y económicamente sufrí mucho. Pero, entendí que eran pruebas de Dios y yo estaba dispuesta a aceptarlas".

La sociedad etiqueta a las personas, para bien o para mal. Con su hija no lo harían para herirla, para matarle la fe ni la esperanza, así que desatendió los consejos de quienes le aconsejaban que la internara en una institución, que eran la mayoría.

"No es un animal, no es un mueble. Es mi hija", era su respuesta.

Hoy, orgullosas las dos, emprendedoras como son, van hermanadas por el amor, animando, conciliando, demostrando que cuando hay empeño, se trabaja unidos por una misma causa y se tiene confianza en sí y fe en Dios las posibilidades van abriendo sus puertas y corazones se deshielan para que la esperanza germine y florezca como la siempreviva.


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470490
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América