Tras siglos de olvido, se comienza a conocer la grandeza de la ciudad capital del imperio más antiguo del sureste de Asia. Esto coincide con un despertar del turismo que permite a millones disfrutar de una joya sin paralelo que estuvo años secuestrada por el fanatismo genocida del Jemer Rojo.
El Imperio Khmer (Jemer) nació en Cambodia y dominó entre los siglos IX al XII gran parte de Laos, Tailandia y Vietnam. Angkor, su Ciudad Sagrada, que persistió hasta el siglo XV, estaba en el centro de una gran área llana y fértil, servida por lagos y ríos con abundante pesca. La ruta comercial entre China e India rodeaba las costas camboyanas, y hubo una enorme influencia indostana sobre la cultura khmer. La religión oficial del imperio khmer fue la hindú, hasta que tras una derrota militar en el siglo XII algunos reyes se empezaron a inclinar por el budismo.
La decadencia de Angkor se está achacando hoy al colapso de su extenso sistema de riego, alimentado por tres ríos. La tala de miles de kilómetros cuadrados de selva para levantar viviendas y sembrar arrozales aumentó la erosión a tal grado que la acumulación de cieno no le permitía funcionar ya al sistema. La ciudad fue abandonada en 1431 al replegarse los habitantes restantes a un área menos amenazada por enemigos. Mientras Colón descubría a América, la selva invadía la mayor parte de los recintos angkoreanos y su memoria se sumía en el olvido.
No fue hasta cuatro siglos después cuando la existencia y magnificencia de las ruinas de Angkor vino a ser conocida en el mundo. Desde los 1860s, estuvo maravillando a arqueólogos y aventureros según los machetes iban revelando templos y monolitos, pero su escabrosa lejanía mantenía alejado al viajero común. A fines del siglo 20, estuvo cerrada al mundo por décadas de guerra civil. Ejércitos y guerrillas se peleaban por usar sus estructuras como campamentos, y aunque no las dañaron convirtieron a Angkor en el campo minado más admirable del mundo.
Hasta cerca del año 2000, la actual zona central turística estuvo siendo objeto de una limpieza total de minas terrestres. Aunque lleva pocos años reabierta al público, y a pesar de que sus estatuas y monolitos han sido saqueados unos, y retirados otros, para evitar que lo sean, las docenas de monumentos de Angkor atraen a tantos millones de turistas que recién se ha construido un aeropuerto internacional exclusivamente para recibirlos en la vecina ciudad de Siem Reap, donde se inauguran 3 ó 4 hoteles por mes. Todavía hay ruinas de 74 templos más bajo la jungla vecina, revelados hace poco más de un año mediante fotos satelitales. Estos aún no han podido ser explorados por estar en zonas minadas.
En 2007, la prestigiosa revista National Geographic informó que esas mismas fotos satelitales habían establecido que Angkor fue el eje de un asentamiento humano que abarcó 3000 km cuadrados. Ese tamaño lo hace la mayor comunidad que existió en el mundo hasta que en el siglo XVIII la Revolución Industrial empezó a concentrar poblaciones alrededor de las fábricas. La magnitud de sus obras de riego, construcción, carreteras y movimiento de tierra de los siglos X al XIII es algo que recién se está reconociendo como entre las más admirables de la historia humana.
No debe entonces sorprender que su mayor tesoro, Angkor Wat, se considere el mayor recinto religioso del mundo. Construido en la primera mitad del siglo XII, Angkor Wat está rodeado por un foso que mide 190m de ancho, sobre 10 veces más que los fosos defensivos de los castillos europeos que le eran contemporáneos. Este cuerpo de agua artificial defendió al recinto de la invasión de la selva durante los siglos en los que apenas un pequeño grupo de monjes budistas ocupaba su gran extensión.
El misionero portugués Antonio da Magdalena, uno de los primeros occidentales en llegar a Angkor, decía en 1586 que "por su extraordinaria construcción era imposible describirla, particularmente por ser diferente de todas las demás estructuras del mundo: con torres, decoraciones y todos los refinamientos que podría concebir la mente humana".
La descripción de Angkor Wat (Templo de Angkor) que eventualmente se conoció en el mundo fue la del francés Henri Mouhot, publicada en 1863: "Uno de estos templos, rival del Templo del Rey Salomón y erigido por un Miguel Angel de la antigüedad, podría ocupar un lugar de honor junto a nuestros más bellos edificios. Es más grandioso que cualquier estructura que dejaran Grecia o Roma…" Como los demás europeos que visitaron a Angkor en el siglo XIX, Mouhot no podía creer que esta maravilla fuera obra de antiguos camboyanos. Él la pensaba contemporánea con Roma, pues no pensaba que durante la oscura Edad Media se hubiera podido producir nada parecido. Lo que se conoce hoy sobre Angkor y el imperio khmer se deriva principalmente de la interpretación de su arte y de miles de inscripciones, en khmer y sanscrito hindú, que se han encontrado en templos y monolitos.
Angkor Wat consiste de un recinto rectangular amurallado de unos 2 km cuadrados que contiene varias estructuras y una charca. La estructura central cubre un kilómetro cuadrado: es un templo de forma piramidal con tres niveles de galerías y cinco torres. Las torres terminan en forma de cúpula muy puntiaguda con superficies muy elaboradas. La mayor, ubicada en el centro, levanta 61 metros sobre el nivel del terreno. La galería del primer nivel contiene cientos de metros lineales de magníficos y detallados relieves que representan costumbres, mitos religiosos hindús, y batallas en las que participan elefantes y carrozas tiradas por caballos. La decoración del recinto, dedicado al dios Vishnú, incluye más de 2 mil relieves de apsaras, las bailarinas celestiales.
A pocos kilómetros está la ciudad real de Angkor Thom (Angkor Grande), construida poco más de medio siglo después que Angkor Wat y tres siglos antes que la Ciudad Prohibida de Pekín. Las torres de su enorme y complejo templo real, Bayón, están decoradas con unas 200 caras gigantescas de su constructor, el rey Jayavarman VII. Angkor Thom incluye además dos grandes templos de forma piramidal, dos imponentes terrazas decoradas con elefantes y personajes de la mitología hindú, y las ruinas del palacio real. Más alejado está Ta Prohm, un enorme recinto que se extiende alrededor de un complejo de galerías y templos que se cree sirvió como monasterio. Su restauración no eliminó los mayores entre los árboles que aprisionaban murallas y galerías con sus gigantescas raíces, permitiendo a los visitantes apreciar las condiciones a que las estructuras estuvieron sometidas durante siglos.
El ver solamente lo principalísimo de los lugares mencionados se toma un día, desde el amanecer al anochecer, pero además hay decenas de otros templos, monasterios y diversas obras en un área que requiere de un moto-taxi o una bicicleta de alquiler para moverse de uno a otro. Una ventaja es que frente a las mayores atracciones hay agua y té verde fríos embotellados, se compran camisetas y bufandas de seda a dos dólares, libros en varios idiomas sobre la historia y arquitectura de Angkor a tres, y se come bien por esa misma cantidad.
Una moderna carretera de 5 km de largo lleva desde la acogedora Siem Reap hasta el Centro de Visitantes. Ahí se compran pases, con foto del visitante, para uno, tres o cinco días que cuestan desde 20 hasta 60 dólares. Los pases son válidos para visitar y fotografiar los recintos y estructuras de la extensa zona de Angkor, los templos de Roulos, sede de la capital del siglo IX, y el magnífico Banteay Srei, pequeño recinto del 967, que está más retirado, pero tiene unos relieves en arenisca tan preciosos que le han valido el título de "joya del arte khmer".