Un inquieto niño veía hoy junto a su madre los entrenamientos de la Selección Sub-20 de Panamá.
El intenso sol no era un impedimento para que el pequeñín buscara y regresara, por voluntad propia, cada balón que iba fuera del campo.
A pesar de la corta edad que aparentaba tener el infante, se podía percibir en él cierta pasión por el fútbol, tanto así que decidió quedarse mirando practicar a los jugadores, mientras su madre salía un momento del estadio para esconderse del sofocante sol.
Minutos más tarde, la madre volvió y salió nuevamente, pero esta vez con el niño agarrado de su mano. Sin embargo, este no fue el adiós definitivo. El infante regresó con un suéter más fresco y prosiguió en lo suyo: ver fútbol y jugar momentáneamente con los esféricos que eran lanzados fuera de la cancha.
Finalizado el entreno, el pequeño aficionado del balompié no dudó un instante en correr hacia donde estaba Javier Vicente Wanchope, técnico de la Rojita. El estratega tico lo levantó y cargó entre sus brazos.
Nos acercamos a Wanchope y le preguntamos si ese era su hijo. El timonel respondió: “Sí, se llama Matías y tiene cuatro años. Ah, le gusta el fútbol”, mencionó. Definitivamente que “hijo de tigre sale rayado”.