Es media mañana de un verano inusual. En las casas -sin importar su nivel social- no hay agua. Paradójicamente, el problema tiene su origen en el hecho de que llueve más de lo que normalmente sucede en esta época.
En tanto, el sol parece haber tomado vida y se creyó aquello de que es aristocrático; quizás a eso se debe que sale y se oculta cuando quiere. Ese día decidió situarse en los predios de la comunidad Kuna Nega, justamente sobre el Río Mocambo que, al igual que la mayoría de los ríos que alguna vez bañaron nuestra capital, ya no cuenta con raudales de agua ni con condiciones de salubridad confiables.
Pero como la necesidad es la que muchas veces determina la conducta de la gente, no quedó de otra. Así que, en plena ciudad, detrás de exclusivos complejos residenciales y frente a la mirada perpleja de muchos, un grupo de mujeres cargó con su ropa e hijos para sacar provecho de lo que queda del río, recoger agua para alivianar la crisis y, como si estuvieran en la intimidad de nuestra campiña, se bañaron, fregaron y, sobre todo, aporrearon el sucio.